¡Ahá!

Por Luis Miguel Auza Tagle

lmvino@hotmail.com

Sé que estoy interfiriendo en el nombre del sitio pero es que no resisto los ataques a nuestra lengua materna, ni modo, por eso agrego el signo de admiración que siempre debe ir al inicio de la expresión y no como en el inglés, que solo va al final. Ahá es una derivación de la interjección ¡Ajá! que se utiliza para demostrar satisfacción, admiración o sorpresa. También, de alguna manera, se convierte en el llamado que hace el torero al burel para que no se distraiga y entre de lleno a tercios. Curioso nombre, de cualquier modo, para un restaurante. Y aquí estamos, en el segundo piso de Plaza Galerías a un costado de la casa de nuestros Xolos, para probar su oferta gastronómica.

Nos reciben unos corazones de alcachofa gratinados con salsa de queso azul, mozzarella, feta y uno más, tipo parmesano de origen uruguayo. Ya para entonces se ha descorchado una botella de un vino bajacaliforniano que lleva el nombre del ambicioso proyecto turístico-inmobiliario del Valle de Guadalupe: Cuatro Cuatros. Hijo natural del incansable Víctor Torres Alegre, meticuloso productor de vinos peninsulares. Este tinto es un pequeño condominio rojo en el que conviven la Cabernet Sauvignon, la Merlot, la Tempranillo y un poquito de Grenache. Al probarlo con la alcachofa y su manto de quesos el vino recibe un gancho al hígado y se salva del nocaut gracias a la campana que se presenta en forma de ensalada griega. La lechuga, el morrón verde, la cebolla, el jitomate, el pepino y las aceitunas kalamatas vienen a ser algo así como un bálsamo que le regresa el aire al vino.

Antes de decidirnos por el plato fuerte damos un somero recorrido por el lugar. La inversión es considerable. Una terraza para unos cuarenta comensales, un comedor principal para no menos de sesenta y un segundo piso con capacidad para otros cuarenta parroquianos. Mesas bien puestas, espacios amplios y una cava expuesta al pie de la escalera, señorial aunque moderna, que recuerda las películas en blanco y negro en las que Arturo de Córdova sentenciaba que, pasara lo que pasara, nada tiene la menor importancia.

El abogado del diablo pide un chamorro de borrego que lo dejó más que satisfecho. El señor de las cubetas se aventó al mar y una curvina sobre cama de pasta y alcaparras fue la pesca del día, salteado con trozos de aceituna, chile quebrado y una salsa marinada con un suave toque de pernod resulta en un platillo atractivo. En mi opinión considero innecesario subir el pescado en la pasta y recomendable separarlo en el plato.

Entre los vinos que se ofrecen hay varios mexicanos: Baloyán, Emeve, Cetto, Único de Santo Tomás, Pedregal y otros más. Hay seis tintos por copa que van de los 70 (Cetto) a los 100 pesos (Monte Xanic). El promedio de precios de vinos por botella es de 400 pesos para los blancos y de 600 pesos para los tintos. Al final, puro y café con el abogado.

*El autor ejerce el periodismo crítico de vinos. Es conferencista y capacitador en sus tiempos libres.

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