Huele a castañas

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Llegó el otoño y Europa comienza a oler a castañas asadas. Ese olor que dura toda la época de frío y que se relaciona con la Navidad. Si preguntaras a los europeos a qué huele el invierno, muchos te contestarían que a castaña asada.

En la parrilla sobre el carbón comienzan a tostarse en puestos callejeros, que despiden el aroma que puedes sentir desde una cuadra antes. No importa en qué ciudad europea estés, cuando caminas por las calles y empieza a caer la tarde, puedes percibir un aroma que te antoja y te resulta acogedor; porque un cucurucho de castañas asadas puede hacerte entrar en calor en la temporada invernal.

Es un fruto seco como la nuez, la almendra o la avellana con alto contenido de hidratos de carbono y fibra. Minerales como el fósforo, potasio, magnesio y el hierro contando también con las vitaminas del grupo “B”

Se dice que en la Edad Media en el sur de Europa se utilizaba como una buena fuente de carbohidratos. Proviene de un árbol nativo de climas templados del hemisferio norte y muy común en Europa después de ser introducida desde Asia Menor; cuyo aspecto espinoso lo hace ver como un erizo que encapsula lo que conocemos como castañas.

En Francia es común glasear las castañas para elaborar un dulce llamado “marron glacé” que en español las conocemos como castañas confitadas, una golosina popular en la época de Navidad también en Italia, España y Portugal.

Si quieren imaginar la sensación que da para un europeo ese aroma de castaña glaseada es equivalente a que nos llegara el olor del elote asado proveniente de las esquinas de nuestros pueblos y ciudades mexicanas; pero sólo en una época especifica del año y para que se den una idea del olor percibido es una mezcla entre las almendras y los cacahuates tostados. Al fin de cuentas un olor asado que te evoca recuerdos y te hace salivar.

Hago la analogía porque el tema central del poder del olfato es el responsable de esas sensaciones, pues es el sentido que más recuerdos nos evoca. Si bien cuando vemos las fotografías de nuestras vacaciones es como si las volveríamos a vivir, y cuando escuchamos una canción nos provoca alguna emoción de una época vivida.

El olfato puede provocarte sensaciones que podrían hacerte llorar de nostalgia, alegría, etc. Por esta razón los expertos en neuro-marketing le apuesta a provocar esas sensaciones poderosas con el diseño de olores para el consumo.

Por el hecho de que según los expertos, los olores recorren un camino a centros emocionales y de memoria en el cerebro, es decir no tienen paradas intermedias como las sensaciones de otros sentidos que paran primero en el tálamo, porque el olfato tiene una línea sentri que corre directo al hipocampo.

Así que si todavía tienen en sus planes cruzar el charco para conocer Europa, sigan leyendo para viajar con los libros y si pueden conseguir una cuantas castañas pónganlas a asar. Y viajen por medio del aroma para que sepan a qué huelen algunas ciudades de Europa en el otoño e invierno e imaginarse a qué huele en ese continente en la Navidad.