Hoy es mi último día, porque mañana debo presentarme en mi nuevo empleo

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Una vacante en una empresa surge por dos motivos principalmente, ya sea porque se debe reemplazar a alguien o por la creación de una nueva vacante. Pero lo cierto es que, en ninguno de los casos, y sobre todo en el primero se escucha la frase: “tómate el tiempo que necesites, pero tráenos al mejor candidato”. Normalmente siempre urge contratar tanto a la persona que reemplazará al que se va para que asuma las responsabilidades correspondientes, como a la persona que cubrirá el puesto recién creado. La presión recae sobre el área de Recursos Humanos o de Adquisición de Talento quien debe iniciar con la búsqueda de candidatos para de ahí seleccionar al que cumpla con el perfil y que se le pueda extender una oferta que le resulte atractiva. Es en este último paso en el que se ha dado recientemente una situación que, aunque no es nueva, sí se presenta cada vez con más frecuencia que es: la presión ejercida sobre el candidato para presentarse a laborar lo más pronto posible.

Cada vez son más los comentarios de los responsables del área de Recursos Humanos que expresan que el tiempo con que un técnico o un profesionista avisa de su último día de labores por tener una mejor oferta en mano es más corto. Mientras en el pasado regularmente un técnico avisaba con un par de semanas de anticipación, y una persona a nivel profesionista hasta tres semanas, hoy en día se ven más casos en los que con suerte se avisa una semana antes o incluso de un viernes para no presentarse el lunes. Situaciones que tal vez eran más comunes en trabajadores a niveles básicos de responsabilidades o se han extendido en niveles en los que se pudiera esperar un mayor profesionalismo.

Aunque dicho profesionalismo se espera que venga intrínsecamente del colaborador, lo cierto es que las empresas también tienen una parte de responsabilidad en este fenómeno, ya que la misma urgencia con la que quieren cubrir sus vacantes les hace por medio de sus departamentos de Recursos Humanos ejercer una presión sobre el candidato para que este se presente lo más pronto posible o de lo contrario, existe el riesgo de que la oferta sea retirada. Evidentemente si la oferta es substancialmente buena para el postulante, este se enfocará en asegurar el empleo que le resulta una mejor oportunidad laboral que en dejar una buena imagen en aquel que deja. Finalmente, para el colaborador que se va, más allá de mantener una buena ética profesional, ¿qué otro beneficio tangible obtiene?, principalmente en una ciudad como la nuestra en la que si algo sobra es empleo.

Pero son las áreas de Recursos Humanos las que tienen el poder de erradicar este tipo de dinámica de cambios de empleo al vapor por medio de respetar las dos o tres semanas estándar que conlleva cambiar de una empresa a otra. La exigencia al recién contratado de dejar su trabajo casi sin previo aviso no sólo refleja una muestra de las malas prácticas de la empresa y su departamento de Recursos Humanos, sino que alimenta un fenómeno de cual será víctima tarde o temprano, cuando alguno de sus colaboradores comente de manera repentina “hoy es mi último día, porque mañana debo presentarme en mi nuevo empleo, si no pierdo la oportunidad”.