¡Hora de crecer!

Por Maru Lozano Carbonell

Pasamos mucho tiempo andando y cargando máscaras pesadas cuando lo más simple sería tirarlas y aligerar la carga.

Motivos como los que mencionaré nos sobran para no crecer y estancarnos, seis razones para dejarnos peor de lo que nos encontramos diario.

1. “Evitar darnos cuenta de nuestras sensaciones”. Esa desensibilización, ese no escuchar al organismo. Algo tan simple como contactar si tengo frío o calor, si me baño y siento el jabón en mi cuerpo, en fin, apuéstale a tu contacto sensorial, a tus cinco sentidos.

2. “Verse en el otro”.  Me proyecto en todo momento, transfiero lo que pienso o siento, no lo veo en mí, mejor y más cómodo, lo pongo en ti. Así aplicaría perfecto la frase “por tu culpa…”.  Habría que revisar si al hablar con el otro, estoy hablando con mis miedos, mis defectos físicos, mis deseos, etc.

3. “Atorado en lo que me dijeron siempre”.  Esas creencias que aprendí y tragué y ahora los tomo tal cual en lugar de re-valorar, de re-plantear y de ver si esos “deberías…”, aplican hoy día en mí.

4. “Me repruebo”.  Al revés del efecto proyectado como espejo, esa retroflexión de que soy lo peor, me auto-degrado, somatizo, me desvalorizo, y mejor me aplico el “me odio para no odiarte”, cuando en realidad es el otro quien está teniendo mala actitud y me da miedo ver esa realidad y responsabilizarme de limitar o evitar.

5. “Voy con mucho cuidado”.  Esa deflexión de contactar con el otro fríamente, de una manera no amenazante, como con guantes para no quemarme.  No es que sea educado, sino que tengo miedo de contactar y al hacerlo como que “tiro la piedra y escondo la mano”. ¡Es que da miedo sentir rico!

6. “Contigo para todo”.  Esa confluencia que se practica cuando debilito mi “yo” y me fusiono con los proyectos del otro, con sus necesidades, con su tiempo, algo así como “acéptame, no discuto”.  Si vas al baño, yo también, si vas al banco, yo también voy contigo, todo con tal de sentir que así me aceptas porque acepto tu agenda. Este tipo de personas se identifican plenamente con su agresor manipulador.

Sería excelente empezar a tirar esa manera de vivir la desesperanza aprendida e iniciar el camino de la auto-realización. Acéptate cómo eres, decide y acepta los resultados, respeta tu tiempo, tu espacio, tus cosas, tus sentimientos, tus necesidades y ve por ellas. Acuérdate que somos seres en medio de miles de experiencias cambiantes y de las cuales, ¡tú eres el centro!  El cómo tu cuerpo percibe esas experiencias es ¡tú realidad! y en consecuencia ¡reaccionas!  Desarrollarse no está exento de lucha, y esa lucha consiste en no perder el foco de la necesidad de ese momento y de tu capacidad de ayudar en las necesidades de los demás, tratando de dejar al otro mejor de cómo nos lo encontramos.

En estos días de pensar con fe, empieza por ti, empieza por botar la pasividad esperando que todo caiga del cielo y convierte el milagro en “mi-logro”.

Entristeceríamos si abrigamos la fría esperanza de que lo bueno suceda si es que no calentamos motores y nos movemos a la acción.  ¡Ayudémonos con dedicación! 

 

 

 

 

 

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