Home Office y lo que implica en realidad

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

En mi colaboración anterior comenté sobre la iniciativa de ley que recién aprobó el Senado de la Republica en la cual se propone agregar un capítulo al artículo 311 de la LFT que define la figura del teletrabajo, mejor conocido por su anglicismo “home office”. Definitivamente se ha dado un gran paso en este tema al incluirlo dentro de la legislación laboral. Pero, desde este mismo punto de vista, aún queda mucho por hacer, ya que surgirán un número importante de situaciones cotidianas que por sencillas y ociosas que parezcan, deberán ser reguladas al detalle y ser incluidas en las obligaciones y derechos tanto del trabajador como del empleador.

Actualmente es común concederle al colaborador la “prestación” de home office únicamente con permitirle trabajar desde su casa o el sitio que desee uno o varios días a la semana. Para lo cual a este se le asigna una computadora portátil y algunos casos algún teléfono móvil. Sin embargo, el tema de conectividad queda suelto en el sobreentendido de que el empleado utilizará la contratada por él mismo para uso doméstico. Este es un ejemplo de una situación en el que el tema de otorgamiento de herramientas de trabajo pudiera complicarse en su estricto sentido.

La propuesta de ley indica que quien tenga acceso al teletrabajo, deberá tener los mismos derechos que quienes desempeñen sus labores en una oficina de la propia empresa. Éste, definitivamente incluye el ofrecimiento mediante convenio los recursos tecnológicos, condiciones de trabajo y ambiente requeridos; que a su vez significa que, si un colaborador que trabaje en las instalaciones de la empresa cuenta con servicio de internet, línea telefónica, escritorio, computadora, por mencionar solo algunos, entonces el patrón deberá proveerle también exactamente las mismas herramientas a quien desempeñe labores similares desde su casa. De no hacerlo, pudiera no cumplir con la obligación de proporcionar oportunamente a los trabajadores los útiles, instrumentos y materiales necesarios para la ejecución del trabajo, debiendo darlos de buena calidad, en buen estado y reponerlos tan luego como dejen de ser eficientes; tal como lo marca la LFT.

Otro aspecto que deberá definirse al detalle será el relacionado con las obligaciones del empleador con el tema de salud, seguridad y previsión de riesgos, ya que seguramente surgirán situaciones en el día a día que deberán también previstas en la ley correspondiente. Un ejemplo es el cómo se resolverá cuando alguien que trabaje desde su casa sufra alguna caída dentro de su domicilio que le provoque una incapacidad. ¿Se determinará como accidente de trabajo?, o cuál será el criterio que se aplicará si la persona decidió laborar desde algún café y es ahí donde sufre la caída. ¿Resolverá el IMSS con base a los criterios hoy existentes o se determinarán unos nuevos acordes a este esquema de trabajo?

Estos son solo algunos ejemplos de las interrogantes desde el punto de vista legal que deberán resolverse en el día a día laborando en un esquema de trabajo a distancia, que sin lugar a dudas ofrece bastantes beneficios, pero que también está dando lugar a algunas lagunas jurídicas que, de no resolverse, pudieran ser aprovechadas tanto por el patrón como por el colaborador en perjuicio de una relación laboral saludable.

Otro elemento de este mismo tema que también conlleva retos importantes, y que abordaré en una próxima participación es desde la perspectiva de integración de equipos, compromiso y el sentido de pertenencia hacia la organización. Ya que, al cambiar la dinámica, seguramente deberá cambiar también la forma de fomentarlos.