Haitianos, hondureños, migración

Por Carlos Murguía Mejía

Tijuana nuestra ciudad, policromo de gentes provenientes de todas partes del mundo; especialmente y en su gran mayoría del territorio nacional y Centroamérica. Este girón de la patria le debe su engrandecimiento a esa migración que ha sido una constante y no una excepción. Por regla, el interés fundamental es cruzar a los Estados Unidos de Norteamérica; empero, al no lograrlo se asientan aquí en Tijuana o deciden regresar a sus lugares de origen.

El crecimiento desbordado de nuestra ciudad ha provocado desde mucho tiempo atrás problemas como son el de vivienda, transporte público, infraestructura urbana limitada, vialidades acotadas, inseguridad y etc., etc., y si bien es cierto, hay un profundo cariño de los que ya se sienten tijuanenses o de los que el sentimiento de arraigo permeó en ellos por causas diversas; también lo es, que ese sentido de pertenencia y compromiso con su ciudad, francamente y de ninguna manera lo tienen. Todavía consideran muchos a Tijuana como ciudad de paso y no como su estancia de vida.

A lo largo de su historia la sociedad civil siempre organizada impulsó acciones debidas para paliar los fenómenos que trastocaban los entornos político, social y económico de Tijuana. Los defensores en contra de la ICSA, la lucha en favor de la Universidad, los defensores de la zona libre, la implementación de un sistema educativo municipal y el apoyo decidido de personajes como: Don Alfonso Bustamante Labastida, Damas Rotarianas, Don Alejandro Villalbazo, Johnny Alessio y tantos hombres y mujeres esforzados ciudadanos con un cariño acendrado por la ciudad que sería imposible nombrarlos a todos; y por ello, una atenta disculpa por omitirlos.

La generosidad y hospitalidad del pueblo de México no es tema de discusión. Sin embargo, el éxodo de haitianos y hondureños en tropel hacia nuestra frontera particularmente debidamente organizados nos lleva a una reflexión:

No creemos en la casualidad y espontaneidad para que se hayan organizado en una caravana uniforme; pero lo que sí creemos es en la causalidad. ¿Quién está detrás de este movimiento?, ¿quién lo dirige?, ¿a quién se beneficia?

Son tantas las interrogantes que se plantean sin que nadie dé una  respuesta convincente.

Lo cierto, es que ya se les atiende, se les da techo y comida y su estatus migratorio se les va a resolver a la inmediatez dentro de lo razonable.

Hoy, de nueva cuenta Tijuana requiere de sus prohombres para resolver una problemática migratoria. Las autoridades rebasadas no pueden solas y esto está comprobado. Es necesario el concurso de todos. Por otro lado, es bueno recomendar en estos casos, que las actitudes y conductas xenofóbicas, más las de rechazo, violento, no le abonan a la solución, por el contrario, crean más problemas.

Así pues, remitirlos a la historia de nuestra ciudad nos da luces de cómo actuar en este presente complicado.