Haciendo nuevos amigos

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Cuando Adriana y yo viajamos juntos, planeamos las cosas que nos gustan a ambos para hacer el itinerario, sin embargo, tenemos algunos gustos diferentes. Por ejemplo, a Adriana le gusta caminar por las calles e ir descubriendo edificios. Ella puede pasar el día caminando por horas, mientras yo soy más de ir más despacio y explorar todo lo relacionado con comida. Adriana es menos sociable que yo y eso la hace querer darse su espacio en soledad, mientras a mi me gusta conocer gente y tengo que convencerla de sacrificar algunos días de conocer lugares nuevos a cambio de dedicar un día completo apara pasarlo con otras personas.

Al final termina agradeciéndomelo, y este inicio de año en París no fue la excepción, de hecho, dice que ese día fue una de las cosas que más disfrutó del viaje. La idea era comer en la casa de los consuegros de uno de nuestros mejores amigos el día primero de enero, que para mí era un día muerto porque además era lunes y ese día los museos están cerrados. Si el primer día del año hubiera caído otro día los museos hubieran abierto. Ah, pero Adriana con su pasión por explorar quería ir ese día al panteón de Montparnasse donde está la tumba de Don Porfirio Diaz y estaba abierto jajaja.

Pero la convencí de ceder y enfocarse en disfrutar el día, conociendo nuevas personas. Estábamos hospedados cerca del área donde está el Sagrado Corazón y nos dirigimos hasta una zona denominada Le Marais, localizado entre el Distrito III y el IV y considerado por muchos como uno de los barrios más cosmopolitas de la ciudad, pues alberga una gran cantidad de restaurantes y tiendas. En el pasado esa era una zona donde se encontraban casas señoriales, que durante la revolución fueron ocupadas por los más pobres y posteriormente la comunidad judía fue concentrada en dicho lugar.

Es muy interesante cómo esos palacios de cinco pisos fueron subdividiéndose para convertirse en apartamentos. Y en uno de ellos estaba el apartamento de dos plantas de nuestros anfitriones donde los libros eran los protagonistas. Él, abogado de la ciudad de Nueva York, ella arquitecta canadiense, maestra de Historia de la Arquitectura, ambos judíos que se establecieron en París hace casi 30 años y que son padres del novio de la hija de nuestro amigo.

Como era el primer día del año y había que celebrar, la tarde anterior conseguí un vino muy especial en Saint Germain en Laye, un Riversaltes, garnacha tinta cosecha vintage 1945 (considerado por muchos como una de las mejores cosechas del siglo XX) y que sería el foco de atención durante toda la tarde. Como buen vino de postre pueden durar muchos años y este no era la excepción. La denominación Riversaltes gozó de gran popularidad en los años 30´s y pertenece al grupo de los primeros vinos franceses a los que se les otorgó el estatus de Denominación de Origen Protegida en 1936. En los últimos años se ha renovado el interés por botellas viejas de vino dulce natural “Vin Doux Naturel”.

Charlamos de arte, de arquitectura, de geopolítica, de sustentabilidad, incluso sobre la historia de migración de una parte de su familia, judíos que alcanzaron a salir de Hungría antes del holocausto, pasaron las horas con la deliciosa charla, que no nos querían dejar ir y tampoco nosotros queríamos irnos; fue tan grata, que nos fue difícil despedirnos de nuestros anfitriones que nos invitaron a regresar. Adriana se dio la oportunidad de conocer gente esa tarde y terminó haciendo nuevos amigos.