Guerra

Por Jorge Alberto Gutiérrez Topete

Me encantaría estar escribiendo hoy sobre la desilusión que han sido esta temporada los Xolos para muchos tijuanenses, o comentando sobre el potencial “Elefante Blanco” en el que el Sistema Integral de Transporte de Tijuana (SITT) se está convirtiendo. Incluso, preferiría opinar sobre la controversial concesión del alumbrado público o incluso el criticado arrendamiento de unidades para la recolección de basura.

Sin embargo, lo que hoy nos preocupa a los tijuanenses en lo particular, es la descomposición de la seguridad pública que, aunque imperfecta, había mejorado notablemente después del esfuerzo que sociedad y gobierno hicimos entre los años de 2008 y 2010, cuando literalmente se libraba una guerra en las calles de nuestra ciudad.

Nunca antes se le había exigido tanto a los tijuanenses y a nuestras autoridades de los tres órdenes de gobierno. El complejo problema se enfrentó de manera valiente y creativa, nos organizamos como jamás se había hecho bajo el  “Operativo Conjunto Tijuana” o “Plan Tijuana”, y se logró tal éxito, que lo sucedido en Tijuana, se habría convertido en referente nacional e internacional, ya que habíamos “pacificado” contra todos los pronósticos a la ciudad. Para lograr esto, fue enorme el esfuerzo y se hicieron muchos sacrificios. En el camino se invirtieron recursos como nunca antes y se perdieron valiosas vidas en la lucha que se libró en nuestras calles durante tres largos años.

En 2010 se impusieron récords de homicidios, pero a partir de estas acciones empezamos a recuperar la tranquilidad. Con el cambio de gobierno en diciembre de 2010, debido a la “política” se hicieron algunos cambios en personal y estrategia de seguridad; las prioridades cambiaron. Sin embargo, la inercia del éxito previo mantuvo una tendencia de los índices delincuenciales a la baja que en 2013 volverían a surgir hasta llevarnos a 2017, año en el que en tan solo ocho meses hemos superado la cantidad de homicidios de 2010.

Desconozco si las autoridades actuales cuentan con un plan integral como el que en aquella ocasión se ejecutó y los líderes empresariales discuten públicamente y con gran preocupación el tema en medios de comunicación. Estos últimos reclaman resultados inmediatos para un problema que claramente se descuidó.

La solución a esta nueva guerra seguramente será tan o más compleja que la de la otra ocasión, y creo que nuestra sociedad está distraída y pierde el tiempo discutiendo temas importantes, pero de menor prioridad.

Recuerdo vivamente aquella tormenta perfecta económica y de inseguridad que tuvimos entre 2008 y 2010, donde los tijuanenses vivíamos con miedo, sin trabajo y sin ilusión. Quizá hoy que la economía y el empleo están un poco mejor, y por ello el problema de inseguridad parezca menos importante que en la otra ocasión.

Quisiera tener la tranquilidad de que la vida en Tijuana pronto regresará a la normalidad a la que ya nos habíamos acostumbrado, pero todos los días en las charlas de café, los comentarios de los amigos, las notas periodísticas y las redes sociales dan cuenta del recrudecimiento de la situación de seguridad, y pocas son las acciones visibles para contrarrestar la inseguridad. La percepción es que hemos perdido como sociedad la confianza en nuestras autoridades y hace falta liderazgo para organizarnos e iniciar a revertir las terribles tendencias en los índices delictivos que ahogan a nuestra sociedad.

En esta ocasión no tengo ninguna propuesta específica.  Lo único que tengo para ofrecer, es la esperanza de que los tijuanenses hemos demostrado en el tiempo que sabemos enfrentar las más grandes adversidades y siempre hemos encontrado el camino para sacar adelante a nuestra ciudad. Espero en esta oportunidad también sea así.