Gentil hombre de Cámara

Por Manuel Rodríguez Monárrez

En 2013 me tocó trabajar como coordinador ejecutivo de la agenda del Consejo Coordinador Empresarial de Tijuana, bajo la presidencia del combativo expresidente de Coparmex, Juan Manuel Hernández Niebla, desde allí fungí como instrumentador y operador del frente empresarial, que después se convirtió en ciudadano, en contra del incremento al IVA al 16% en la frontera.

La lucha no fue fácil y nos enfrentamos al gobierno federal de forma abierta, en desacato incluso a posturas de confederaciones del interior que poco entendían la dinámica económica de ésta región. Fue Juan Manuel, quien mandó hacer el famoso estudio del Colegio de la Frontera Norte que tantos dolores de cabeza lo ocasionó a Tonatiuh Guillén en su trato con Luis Videgaray, entonces impulsor del gravamen y patrocinador de los investigadores. A punto estuvimos de hacer historia, cuando logramos sentar en la mesa a 16 cámaras empresariales y 12 sindicatos obreros con un mismo fin, detener el alza.

Desde entonces recuerdo que había una regla no escrita entre las cámaras que apunta a que los principales sectores económicos de la ciudad de Tijuana; entiéndase el Comercio y la Industria, habrán de rotarse el asiento cupular de forma amigable. Puede ser que éste año haya sucedido una excepción a la regla y desde el interior del CCE se haya fracturado alguna relación que definitivamente influyó en el ánimo general y llevó al cambio de definiciones sobre el liderazgo que ulteriormente se esperaba fuera para la Cámara Nacional de Comercio de Tijuana, mejor conocida como Canaco, así lo acreditan los medios que documentaron el proceso.

Más allá del resultado final de la elección en el CCE Tijuana, me llama la atención la forma en que Don Gilberto Leyva Camacho fue desposeído de su dignidad de representante de Cámara, alguien lo llevó a un baile previamente calculado, lo curioso es que recibo llamadas de personas del mundo empresarial que se sienten incómodas pero nadie dice nada, pues él era de las pocas voces locales que se han atrevido a enfrentar al sistema político local y nacional, al final se confirma la máxima: el poder al servicio del poder.

Sé que Don Gilberto viene desde abajo, que es un comerciante de clase media que se inició lavando carros, que no tiene el “pedigree de un mirrey” y que tenía el firme compromiso de transparentar los recursos públicos que reciben las cámaras. Alguna vez me confió, que él estaba harto de que las Cámaras se dedicaran a pagar tantos estudios, cuando en realidad poco hacen por hacer llegar esos recursos para las micro y pequeñas empresas que son las que realmente sufren las crisis y sostienen la economía de Tijuana. Coincido con él, se gastan mucho dinero en asesores, consultores, especialistas que emiten y redactan infructuosos estudios y poco se hace directamente para vitaminar con capital semilla a los jóvenes que van empezando un proyecto empresarial y que terminan siendo reclutados en subempleos con fines no vacacionales de superviviencia. El modelo económico local de utilización de fondos públicos para pagar eventos y estudios debe ser sustituido por uno de apoyo directo de impulso al emprendedor. No sólo con capital, sino con servicios complementarios de planeación y seguimiento.

De todos modos, los procesos de transformación social se pueden frenar por un tiempo, pero no pueden detenerse toda la vida. La valentía de Don Gilberto fue haber enfrentado el decreto de prohibición de la importación de autos usados en 2015 que emitió Hacienda, lo hizo en defensa de sus agremiados, facultad que le conferían sus estatutos. Justo es reconocer el liderazgo y compromiso de un hombre como él, esperemos verlo nuevamente en alguna posición de influencia en beneficio del comercio organizado de Tijuana. 

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