Galería del sueño guajiro 

Por Daniel Salinas Basave

Duele admitirlo, pero la dura realidad es que las problemáticas y conflictos que cubría como reportero a finales del siglo pasado, no han hecho más que recrudecerse en Baja California. Padecemos los mismos problemas, pero multiplicados, como si nuestra historia fuera una suerte de espiral descendente.

Sin duda el lastre más lesivo de todos sigue siendo la violencia descarnada. Como reportero he visto desfilar gobernadores, alcaldes, procuradores, secretarios de seguridad y jefes de policía. He visto a las corporaciones cambiar de nombre, escudo y uniforme. He visto a la PGR transformarse en AFI y después en Fiscalía General; a la Policía Judicial  transformarse en Ministerial y después en Fiscalía Estatal; se creó la Policía Estatal Preventiva, la Guardia Nacional, la Guardia Estatal, se modificó el sistema de justicia penal y nada.

El discurso y la matanza simplemente redundan. Redundante es la muerte y redundantes son las explicaciones de las autoridades. Cuestión de darle replay para escuchar la cantaleta que he escuchado en los últimos 20 años: Se están matando entre ellos, delincuentes exterminando delincuentes, puros malandros venidos de fuera, la gente buena y trabadora no tiene nada que temer.

Todo se reduce a un concepto: el infierno son los otros y el mal está reservado para los malos. Vaya patraña.

La diferencia es que la muerte violenta parece empeñada en batir sus propios récords. En 2004 sumamos 435 asesinatos en Tijuana, lo que significó batir por vez primera la cifra de más de un homicidio por día. En el último trienio, con promedios de 2 mil 500 asesinatos al año, la única conclusión posible es que vivimos en medio de una matanza y hemos acabado por normalizar el crimen como algo cotidiano. Aquí la vida vale muy poco.

Otro gran tema es la migración. Décadas transcurren y a Baja California no se la da un trato especial como entidad receptora de migrantes. Los únicos héroes de esta historia son organismos ciudadanos, impulsados a menudo por religiosos, quienes por caridad cristiana dan alimento y cobijo a las miles de personas que sobreviven en las calles. La Casa del Migrante, el desayunador del Padre Chava y la Casa de la Madre Asunta han hecho mucho más por los migrantes que cualquier dependencia gubernamental.

Inconcebible que a la fecha no contemos con una estación migratoria en forma y que debamos ver escenas tan degradantes e inhumanas como las que observamos en El Chaparral.

Empantanados estamos también en lo que se refiere a cruces fronterizos. Se inauguró la Ready Lane, se incrementaron los carriles en la Garita de San Ysidro, pero la realidad es que cruzar la frontera es cada vez más lento, las filas interminables trastornan por completo la vialidad de la ciudad y la tercera garita sigue siendo un buen deseo.

Ni hablar de vialidad y transporte. Ir de un lugar a otro cada vez nos toma más tiempo, las vialidades están sofocadas y seguimos teniendo un transporte público paleolítico, carísimo y obsoleto, sujeto a los corruptos intereses de liderazgos anacrónicos.

Recuerdo descomunales y ambiciosos proyectos de desarrollo, convertidos más temprano que tarde en castillo de aire: Punta Colonet, la Escalera náutica, el tren ligero, la ciudad satélite de Valle de las Palmas, la tercera garita. La lista es larga. Una enorme galería del sueño guajiro yaciente en vía muerta.

¿Alguno de los muchos candidatos que compiten en este 2021 tiene una propuesta viable a largo plazo que incluya los cómos y no sólo los qué? Yo no he visto ninguna.

 

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