Fue mucho equipo

Por Guillermo A. Sánchez-Aldana

Es justo decir que gran parte de la audiencia que sintonizó la final del mundial seguramente hubiera preferido que ganara el conjunto de Croacia y que fueran ellos los que se llevaran la copa. Después de todo el cuadro croata se había ganado a la afición neutral con sus brillantes actuaciones y con esa entrega y lucha que los caracterizó en el transcurso de la justa mundialista, misma que los llevó hasta la gran final a pesar de haber tenido que superar uno de los grupos más complicados del certamen.

Y es que mientras que el equipo de Francia fue sorteado junto con Dinamarca, Perú y Australia, el conjunto de los Balcanes le hizo los honores a Argentina, Nigeria y al debutante Islandia, denotando cierta diferencia de dificultad, sin menospreciar a los rivales de los galos, entre ambos grupos. Tal fue la situación de ambos grupos que el combinado francés se pudo dar el lujo de ganar por la mínima ante sus primeros dos rivales y cerrar la primera fase con un insípido empate ante su similar de Dinamarca, mientras que su oponente de la gran final terminó como uno de los mejores equipos de la etapa de grupos al acumular tres triunfos ante contrincantes de mayor renombre.

Pero claro, de poco sirve tanta estadística ya que ambos pasaron como primer lugar de sus respectivos sectores y no se vieron las caras hasta la última fecha de Rusia 2018, partido que será recordado como el momento de la consagración de un joven equipo francés ante un aguerrido pero superado conjunto croata.

Tras una primera ronda sin brillo de parte del cuadro francés era difícil imaginarse que podrían llegar tan lejos en esta copa del mundo y mucho más lejana la idea de que serían los nuevos monarcas del orbe. Nunca se cuestionó el potencial del equipo de Europa Occidental, ya que línea por línea cuenta con jugadores de altísimo nivel, pero por alguna razón parecía que no había cohesión dentro de la cancha y tras una flojísima fase de grupos una eliminación prematura era inminente.

Y es que mientras se hablaba de los inicios alentadores de equipos como Rusia, Japón o México (aquellos bellos momentos llenos de ilusión y esperanza), el conjunto de Francia lograba sumar, pero sin llamar mucho la atención, siendo víctima de esa propia inoperancia a pesar de los resultados positivos. Inclusive en el duelo directo ante Dinamarca parecía que el primer lugar del grupo se le escapaba, pero al ser poco exigidos fueron los justos líderes del grupo C. Y fue ese mismo equipo el que de repente decidió que quería ganarlo todo y vislumbró a toda Rusia con un futbol vertical y letal; Francia despertó y fue justo vencedor.

En un mundial lleno de sorpresas quizá la más grande fue que el cuadro galo vino de menos a más en cuestión de días y demostró cómo se gana una competencia de esta magnitud. Ganó un equipo joven, pero sin miedo a pesar de enfrentarse a varios de los mejores jugadores del momento. Triunfó un conjunto con individualidades, pero ninguna que pesara más que el juego colectivo. Croacia podrá haber sido la cara de la entrega y pasión, pero ni eso fue suficiente como para vencerlos. En pocas palabras, Francia fue mucho equipo.