Filantropía

Por José A. Ciccone

                                          Suena bien y hace el bien, esta palabra viene del idioma griego    

                                             philanthropia, >phileo, YO AMO, más anthropos, HOMBRE.

Estamos viviendo los últimos días de este 2018 y le damos paso a un nuevo año con la esperanza firme y las convicciones sólidas para transitarlo en el cambio esperado.

A pesar de tantos problemas que nos aquejan hoy en día, de tanta desigualdad social, que al final siempre se lee como un acto injusto de los que tienen más, versus los que menos tienen. Este golpe de aire fresco que es la filantropía, ese amor a la humanidad que practican algunas personas, hace que la vida valga la pena de ser vivida.

Desde el siglo XVIII, el proceso de evolución de la filantropía, varía mucho en su práctica al romper con la modalidad típica de la caridad cristiana.

Más bien propone una acción dirigida a orientar comportamientos racionales en base a diagnósticos sobre la sociedad, las instituciones y la vida familiar.

De este modo las ciencias sociales se fueron definiendo como tales a partir de esta ruptura. Así fue haciéndose complejo su cuerpo teórico y metodológico, en lo que se constituye como el campo de la asistencia social, hacia finales del siglo XIX.

Ya, en las postrimerías del siglo XX, el que fuera Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Anan, hizo un llamado al establecimiento de una nueva forma de asociación entre los gobiernos y el sector privado en el Foro Económico Mundial de Davos. Destacó los cambios del rol del Estado en la mayoría de los países en desarrollo, sostuvo que las fuerzas de mercado son esenciales para el desarrollo sustentable y expresó que hay evidencias crecientes que demuestran que los que menos tienen, pueden resolver sus propios problemas si cuentan con un acceso a los servicios financieros seguros.

A diferencia de la asistencia que es proyectada sobre una comunidad o un grupo de individuos ante una necesidad insatisfecha, pero que es totalmente urgente, ahora por el contrario, se plantea la promoción, es decir ‘ver desde el otro’, desde su cultura, dejando de lado nuestros preconceptos, y apuntar no a la acción directa, sino tratando de cambiar algo desde su base y de manera mancomunada; respetando los valores y tradiciones del otro, creyendo en sus posibilidades de autodesarrollo, buscando que el necesitado sea el protagonista del cambio deseado, que nunca sea una imposición del que pone el dinero, del “dueño” del recurso.

La filantropía empresarial

Las empresas están y operan adentro de una sociedad a la que les venden sus productos y servicios. Ellas también forman parte y están inmersas en la esfera social, porque es precisamente esta sociedad, parte de su existencia, la gente sigue siendo su principal fuente de ingresos y su principal agente para la reproducción.

¿Cuál sería entonces el rol protagónico que le toca a las empresas? La finalidad de una Compañía, su papel dentro de un país, es: dar empleo, generar ganancias, ser productiva y contribuir al desarrollo industrial  y económico de una nación.

En épocas de crisis recurrentes, donde todos los actores sociales se ven perjudicados, muchas veces las empresas se preguntan qué hacer. Habría que encontrar entonces, la razón de ser de las Fundaciones donantes, organizar, delimitar, acotar y por consenso, porque la conveniencia finalmente es de todos, acordar formas creativas de cooperación para el bienestar común.

La filantropía, en su fase humana, actual, es filantropía social. Consiste en hacer ascender

a los hombres de individuos a singulares, y éstos, a personas; a miembros de una sociedad. Porque la sociedad es una empresa, indelegable, de los seres humanos.

Compartir
Artículo anteriorEl Bósforo
Artículo siguienteEl sueño mexicano