Fiestas de fin de año: Consumir sin consumirse

Por José A. Ciccone

Hace apenas una semana, el famoso Black Friday, cerrando este lunes con el novedoso Cyber Monday, días de ventas espectaculares en los Estados Unidos, batieron todos los pronósticos optimistas imaginables, –cabe aclarar que para lograr este objetivo, nuestra gente, de este lado de la frontera, puso su granito de arena, acudiendo a los comercios de San Diego muy a pesar de los interminables cruces y del Buen Fin que nos visitó hace algunos días y que superó en ventas en un 15 por ciento al 2021.  

La pregunta obligada es: ¿todavía no aprendimos a comprar? o la publicidad de este siglo XXI, que se favorece aún más en sus alcances con el auxilio de redes sociales y teléfonos móviles -que resultan buenos vendedores ambulantes-, no sabe explicarnos las cosas, sólo se limita a vender sin ton ni son.

Afirmo esto porque se supone que ya Amazon y otras plataformas tomaron la delantera en las ventas, sin que privilegie fecha alguna, o sea, hoy se compra todo el año y además aumenta en estas fechas clásicas donde los busca ofertas están más atentos, por aquello de los compromisos navideños.

En cuestiones de mensajes, hay de todos los calibres e intenciones, algunos binomios agencia-cliente siguen siendo muy minuciosos en la elaboración de campañas de fin de año –que aclaro no es fin de siglo-, cuidan que los anuncios además de cumplir con su objetivo de venta, dejen algo positivo en la mente de los hoy, informados consumidores. Hay otros que elaboran los mensajes, demasiado sofisticados y descaradamente comerciales –en este caso específico, el fin nunca justificará este medio-, porque estos tratamientos publicitarios privilegian a sus productos de tal forma que los transforman en vedettes, sin cuidar el valor moral, la buena redacción el valor artístico y las buenas costumbres, que por cierto, poco tienen ya de tradicionales, pero aún así nunca debemos abandonar, porque sino estas fechas caras a nuestros sentimientos religiosos, se volverán como un enorme supermercado, tianguis o swap meet llenos de productos pero vacíos de imaginación e información útil que guíen y sirvan al consumidor.

Las Promociones

Es definitivo, los medios ejercen una influencia muy poderosa en el consumidor, si estos acompañaran sus tandas comerciales, anuncios impresos, portales y redes sociales con algo más que llenar un pautado, como por ejemplo orientación adecuada al que compra, similar al que se hace con los consumidores de drogas dañinas, que se les advierte todos los días del peligro latente -y real- que significa ese consumo. De la misma forma el consumismo es una adicción y si no lo vemos así, estaremos condenados a comprometer a las nuevas generaciones a danzar al ritmo inconciente de las compras compulsivas y no saber manejar compromisos contraídos con tarjetas de crédito o préstamos ágiles de dinero, que resultan tan fácil de gastarlo, tan difícil de ganarlo y tan dramático poder pagarlo.

La publicidad que informa y forma criterios siempre será más favorable para el consumidor, si bien es cierto que cada persona es responsable de sus propias conductas, también es verdad que todos los estímulos audiovisuales se están llevando a un extremo calamitoso e influyen para actuar de determinada manera. En este caso, propiciando el consumismo desenfrenado, apoyándose en fechas que antaño eran sagradas y hoy se visten de -santa gordo-, que de santo no tiene nada y que siempre se ríe, seguramente al haber logrado su objetivo; que la gente en estas fechas se gaste lo que tiene y hasta lo que no tiene.

Llegar al público

La publicidad nos alcanza siempre, cuando nos levantamos cada mañana a través de las atentas redes sociales que nuestro teléfono celular nos recuerda con insistencia de su presencia, la radio o la tele y la exigua prensa escrita, que hoy se multiplica en redes sociales y plataformas digitales, para seguir llegando al público y confiar en su credibilidad, en sus fuentes y la seriedad que de ellas emana, también cuando leemos todos los mensajes de la calle en forma de carteleras, fijas o con lucecitas de colores y llegamos a la oficina a zambullirnos en la computadora y navegar por Internet.

En lo dicho, el brazo de la publicidad es muy extenso y no se podría afirmar que toda es igual de interesada, por fortuna no es así, todavía queda aquella comunicación que vende con criterio e información, buscando el beneficio del comprador más informado de hoy que coteja, examina y compara, antes de sacar dinero de la bolsa para pagar o acribillar su tarjeta de crédito.

Es un tema donde habrá que seguir debatiendo y proponiendo nuevas salidas, hacernos más seguido un examen de conciencia y preguntarnos si seguimos así o -detenemos un poco el balón- ahora que estamos en pleno Campeonato Mundial y analizamos para dónde estamos yendo en materia de consumo.