Fascistas, neoliberales y conservadores

Por Daniel Salinas Basave

Me queda muy claro que a los defensores de la cuarta transformación no se les da muy bien que digamos la terminología en materia de teoría política, pues sus insultos a menudo suelen encerrar contrasentidos.

Inmersos en este clima regresivo que todo lo corroe, se ha puesto muy de moda descalificar al adversario denostando su supuesta tendencia política y exagerando en torno a ella con expresiones peyorativas. En no pocas ocasiones, el presidente se ha referido a sus detractores (o simplemente a aquellos que no creemos ciegamente en su discurso) como conservadores, fascistas mezquinos y neoliberales.

Un buen diccionario de teoría política no vendría nada mal en estos casos. Por ejemplo, llamar a alguien fascista neoliberal encierra un terrible contrasentido. El auténtico fascismo obedece a una categoría histórica. Fascistas eran los seguidores de Benito Mussolini en la Italia de los años veinte y treinta, mientras que el neoliberalismo, pese a lo amplio del término, tiene como eje rector la liberalización de la economía con un limitado intervencionismo del estado y un fomento al libre comercio global.

La gran paradoja, es que los fascistas eran enemigos del neoliberalismo y el comercio internacional. Tanto fascistas como nazis, al fin y al cabo nacionalistas a ultranza, creyeron firmemente en la producción y el consumo de mercancías propias y en la regulación estatal del comercio. Tanto Hitler como Mussolini hicieron esfuerzos para favorecer el mercado interno y fomentaron el consumo de bienes hechos en Alemania o en Italia. Las importaciones no eran lo suyo.

El fascismo tradicional se caracteriza por la supremacía del estado y la unión y movilización incondicional de las masas en torno a  un líder todopoderoso. El fascista suele ser un nostálgico del pasado y tiende a buscar referentes y figuras de culto en caudillos de la antigüedad. El auténtico fascismo, por cierto, no era aristocrático o elitista. Vaya, no era propio de fifís, utilizando la expresión del presidente. Mussolini, de formación socialista, fue muy querido entre la clase obrera italiana. Acaso la primera gran réplica del fascismo italiano que tuvimos en América fue el régimen de Juan Domingo Perón en Argentina, mientras que en México, el gobierno con más tintes fascistas que hemos tenido es sin duda el de la cuarta transformación, aunque por supuesto jamás lo aceptarán.

Otro de los epítetos que con más frecuencia suelen utilizar los seguidores de Morena para atacar a sus adversarios es “conservador”. El conservadurismo, como su nombre lo indica, busca conservar tradiciones, valores morales y estructuras jerárquicas. El conservador suele ser religioso y moralista. En el México de la Reforma a los conservadores se les llamaba cangrejos, porque caminaban para atrás. La gran paradoja es que un presidente obsesionado con la moral, que se alió con un partido evangélico radical, que desprecia abiertamente los últimos 30 años de neoliberalismo para retornar al nacionalismo revolucionario y que pugna por volver a usos y costumbres del pasado, llama conservadores a sus enemigos. Caray, aquí parece haber alguna contradicción. Hay calificativos e insultos que hacen morder la lengua a quien los profiere ¿Quién es el conservador en este país? ¿Quién ha metido freno de mano para empezar a caminar hacia atrás? Un diccionario de teoría política no vendría nada mal.