Fantasía y realidad no son lo mismo

Por El Recomendador

La crítica a los productos del entretenimiento que se proponen al gran público; y, sobre todo a los jóvenes, resulta -hoy más que nunca- algo urgente. Mientras las leyes que señalan los valores fundamentales que deberían objetivarse en el uso del espacio, hay -de hecho, prácticas que son contrarias a ellos. Si bien se dice que los medios masivos pertenecen a todo el pueblo de México, hoy la superación de tales medios se encuentra frustrada por el afán mercantilista. Los negocios a cualquier costo, la sociedad globalizada y, en particular la sociedad mexicana, ponen a los medios en crisis.

La educación, tanto formal, como informal, decae y a toda esta decadencia sigue la corrupción, la impunidad y la violencia desatada. A pesar de estas crisis, hay personas que en nombre de una “libertad” mal entendida se niegan a que el Estado intervenga y de nuevo sentido a las leyes que protegen a toda persona de los entretenimientos que de hecho corrompen más a la sociedad y rebajan la calidad de la cultura y que tienen como consecuencias la extensión de los malos usos y costumbres que han conducido a las crisis sociales que enfrentamos.

De hecho, el consumidor del entretenimiento no es objeto de defensa alguna y las diluidas leyes que debieran guiar y estimular la superación y la calidad artística de los espectáculos no aparecen como una preocupación entre los despistados legisladores ni menos entre los malos administradores de la cultura buscan mejorar los contenidos que deberían fortalecer el tejido social. También está ausente la defensa de los espectadores.

No vemos ninguna medida ni preventiva ni censuradora que contribuya a para asegurar a los jóvenes que la ficción y la realidad no son lo mismo. No vemos en las escuelas casi nada que ayude y guíe a niños y jóvenes a comprender que lo que ven y oyen en la televisión no es su vida, sino una historia elaborada por escritores con el objetivo de captar la atención de la audiencia. Aunque puedan creer que lo que han visto se parece a su realidad, es fundamental que se les ayude a comprender que lo que se exhibe y narra en una serie no tiene que ser los resultados en sus vidas. Las crisis de valores en las familias y en las escuelas culminan a veces en modas de suicidio, en maltratamientos y en bulling, en pandillerismo y en proselitismo para incorporar a menores sin brújula en el crimen organizado.

Aun cuando algunas comunidades locales cuenten con algunos recursos que ayudan a quienes lo necesitan, tales recursos no son suficientes. Las agencias de salud pública, los profesionales de la salud mental, los consejeros de las escuelas, no se dan abasto. Hasta hace muy poco se crearon ayudas telefónicas para las crisis. Pero mientras opera el pan y circo con el que los políticos distraen a los ciudadanos las buenas estrategias de prevención de estos graves males son muy escasas.

En las próximas columnas examinaremos una de las series más populares de la T.V. Plantearemos las constantes que predominan en el relato y preguntaremos al lector acerca de sus opciones preferidas respecto a la temática planeada por la serie. Veremos algunos de los denominadores comunes en los relatos más virales.