Extorción telefónica

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“Cuando el delito se multiplica, nadie quiere verlo”

Bertold Brecht

Personal o familiarmente, todos hemos sido víctima de una extorsión telefónica, consistente en amenazar a través del teléfono a una persona bajo amenaza de daño físico, obtención de datos personales para usarlos ilícitamente, simular un secuestro, solicitar apoyo económico para un supuesto familiar o conocido, o demandar una compensación para permitir a la víctima continuar su actividad productiva, “vendiéndole” protección.

El delito se ha ido incrementando desde el 2001 con la proliferación de los celulares, calculándose que un extorsionador hace 7 mil llamadas mensuales intentando extorsionar.

Según la última encuesta de victimización de INEGI (Envipe 2018), durante ese año se cometieron 5.7 millones de extorsiones en México, 91.6% de ellas telefónicas, donde 7% fueron exitosas, costándole a las víctimas alrededor de 12 mil millones de pesos combinadamente.

El extorsionador típicamente se presenta ante la víctima como integrante del crimen organizado, un familiar, un secuestrador, o un empleado de una institución financiera.

El éxito y por consecuencia el incremento de la extorsión se da porque las policías carecen de una estrategia unificada para combatirla; porque no existe información estandarizada que genere información de inteligencia preventiva, o porque las victimas de extorsión no saben reaccionar en el momento que son amenazadas.

Según el Centro Nacional de Información (CNI), perteneciente a la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SENSP), la única manera de combatir y disminuir este delito es a través de la denuncia. Sin embargo, su “cifra negra” es extremadamente alta, donde si asumimos las mismas 5.7 millones de extorsiones ocurridas en 2018, durante el 2020 sólo se abrieron 5,436 carpetas de investigación, por lo que se persiguió menos del 1% de este delito.

La razón de esta espantosa cifra negra es que el ciudadano común difícilmente va a acudir al ministerio público a denunciar, las razones son muy lógicas: pérdida de tiempo para una extorsión que no tuvo éxito o que si la tuvo debido a la característica anónima del extorsionador la posibilidad de recuperar el dinero es mínima.

Adicionalmente, gran porcentaje de estas extorsiones provienen de penales fuera de los estados donde fueron víctimas.

Consecuentemente, la extorsión es un delito altamente redituable y con poco riesgo.

Consciente de esto, el CNI está promoviendo el uso del 089 para denunciar una extorsión. El objetivo es generar una base de datos donde se concentrarán el número telefónico del extorsionador, el tipo de extorsión, y la entidad y municipio de la víctima incluyendo fecha y hora.

La intención es que, en lugar de obtener la información a través de las denuncias ante los MPs o las encuestas de INEGI, el 089 proporcione información más fidedigna y en tiempo, ampliando la posibilidad de bloquear llamadas y generar más apoyo a las víctimas.

Igualmente, para final de año el CNI promete la implementación de una APP en nuestros celulares con tres objetivos: 1) alertar a los ciudadanos sobre los números de extorsión más usados, 2) facilitar la identificación del número telefónico cuando se dé la extorsión, 3) dar seguimiento a las denuncias.

Igualmente, estamos haciendo hincapié en la necesidad de que el SENSP refuerce la necesidad de restringir la señal celular de los centros penitenciarios.

En el inter, si tú eres víctima de extorsión, marca el 089 para denunciar y recibir apoyo.

Compartir
Artículo anteriorPluto TV
Artículo siguienteEl Principito y el zorro