Exponen panorama histórico de las maquiladoras en BC

Emiliano Rayas Aguiar. Fotografía: Cortesía

Redacción/Infobaja

Tijuana.- Un extenso panorama de la presencia de las maquiladoras en Baja California, sus impactos benéficos y de deterioro ambiental, ofreció Emiliano Rayas Aguiar en el Centro Cultural Tijuana (Cecut).

La Sala Federico Campbell, recinto usual del ciclo de conferencias Historia de Baja California que organiza el Cecut en colaboración con el Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC, sirvió de marco para la alocución del académico Rayas Aguiar, quien expuso un caso que no fructificó, como sí lo hicieron otros intentos industriales.

“La segunda etapa de la Ciudad Industrial Nueva Tijuana (CIN) se construye con capital público, pero se convierte en una empresa comercializadora de sociedad anónima y capital variable en 1985; podemos decir que empiezan con una sinergia de comercialización y anuncian a todo el mundo las ventajas de instalarse en este punto, decían que la importancia de la CIN era coadyuvar a regular, ordenar y consolidar el destino urbano de Tijuana, decían que iba a ser La Meca de lo bien hecho y no pasó”, explicó Rayas Aguiar.

“Con este caso empezó un fenómeno en la maquiladora que actualmente es un problema central”, precisó, “el fenómeno de la rotación de personal, con lo que evitaban que trabajadores tuvieran antigüedad, pero se les convierte en un tema adverso, porque la fuerza de trabajo se iba a empresas con mejores condiciones de empleo, no sólo mejor salario, sino guardería, comedor subsidiado o bonos de transporte”, continuó el catedrático.

Rayas Aguiar expuso los alcances de aquel fallido proyecto: “Garantizaba a los empresarios 70 mil empleados dispuestos a trabajar, aunque para 1985 sólo 2 mil 800 personas estaban contratadas en todas las plantas; también aseguraban tener 403 hectáreas de área industrial y que eran los responsables de promover el más moderno urbanismo de México en la ciudad más visitada del mundo, donde empieza la Patria”.

Desde inicios de los años 80, agregó el conferenciante, empresarios sandieguinos, bajacalifornianos y mexicanos, presionaron a los gobiernos de México y Estados Unidos para que se abriera una garita en Otay, donde se planificó la CIN, con el argumento de que la producción se concentraba en esta zona y lo lograron en 1983.

Al mismo tiempo, Produtsa, compañía responsable del proyecto, ofrecía a los inversionistas paquetes con naves industriales, dotadas con líneas telefónicas y otros servicios, además de personal dispuesto a ser contratado, explicó el investigador.

La CIN pertenecía al ejido Chilpancingo, considerado en otra época de gran productividad agrícola, gracias a los arroyos que le surtían agua; ya desde los años 60 empieza una serie de sequías que reducen la productividad y comienza una embestida de los empresarios que a la larga obtienen la expropiación más grande que se realiza en México de una zona agraria por parte del Estado: 875 hectáreas.

Se impone así la maquiladora en esa zona, señaló, pero termina en un tiradero de desechos tóxicos de 43 mil toneladas de plomo que empezaron a minarse a los mantos freáticos que desembocaban en el Río Tijuana y en el Océano Pacífico, particularmente en playas de Estados Unidos, lo que ocasiono que en 1994 se catalogara como la contaminación más grande en la frontera norte; entonces “una organización ambientalista tripartita, México, Canadá y EU, logró que se construyeran bases de cemento para evitar que estos materiales siguieran contaminando” el subsuelo.