Expectativas y algo más

Por José A. Ciccone

Todos los ciudadanos de México, ya estamos preparados para que a partir del próximo primero de octubre asuma el nuevo gobierno, que contó con el apoyo masivo de los ciudadanos, acto que hay que respetar hasta el último renglón, por tratarse de la más pura expresión democrática de un país, el voto con su derivación en el nuevo mandato.

Muchos no estarán conformes con el resultado, quizás por hacer cálculos cargados de pasión y deseos genuinos de un cambio, que dijeron presentes también en las urnas con millones de votos que no alcanzaron, otros que hoy representan a la mayoría, viven el momento con alegría porque sus ganas de mantener al mismo movimiento en el que creyeron allá por el año 2018 y que, según su prisma personal, les satisfizo con creces el deseo de justicia social, los que vieron un giro positivo en la conducción del país y así lo expresaron el pasado 2 de junio en cada boleta depositada, con la convicción de seguir confiando en quienes los gobernaron estos últimos seis años. En estos casos, como en tantos otros de la vida, siempre el correr del tiempo y las buenas acciones palpables, más que los discursos tautológicos, tendrán la última palabra. Hay que transitar esta nueva etapa democrática con positivismo y entusiasmo, pero nunca bajo una férula conformista.

Ahora es momento en que los deseos y las expectativas crecen en torno a un cambio y una recomposición sobre aquellas cosas que no estuvieron bien hechas y hoy están a la vista de todos, nos tropezamos con ellas a cada paso y son del dominio público.

Repetido por los medios, la conducción de la Nación y la responsabilidad de responder con resultados esperados, por primera vez en la rica historia de México, quedó en manos de una mujer, preparada para el cargo. Por fin, dirán con justicia las damas de este país y algunos hombres que creemos con firmeza en la capacidad de ubicuidad y decisión de las mujeres mexicanas, provistas de una intuición e inteligencia superadora, actualizadas y luchadoras hasta el cansancio, muy pacientes, pero sólidas y resolutivas a la hora de tomar iniciativas en beneficio de los demás. Son grandes visionarias del entorno en que viven y solidarias en sus actos, virtudes que debemos aprovechar todos, apoyando las nuevas gestiones, esperando cambios favorables, con el correr de los días, ya en funciones presidenciales. La promoción al voto ya terminó, ahora comienza una nueva realidad.    

Siempre existirán críticos que observen el tránsito del nuevo gobierno y qué bueno que esto suceda, los análisis y desacuerdos sirven para construir un mejor país, sin disenso nunca habrá consenso, porque en una democracia siempre se lucha por ser oído y presentar puntos de vista distintos al de cualquier gobernante en turno. Aprender desde la objetividad, que los tiempos políticos siempre serán más largos y distintos que los deseos de cambio y atención a la comunidad, solamente con más participación comunitaria organizada, aquella que los mueven idénticos intereses, entonces sí, los hechos producirán una metamorfosis positiva en un lapso prudente, de otra forma, seguiremos quejándonos a voz en cuello, pero en ámbitos privados de nuestro círculo amistoso, que quedarán como ‘secretos bien guardados’ que a ninguno servirán.

La nueva tarea social será vigilar acuciosamente que los nuevos gobernantes hagan, por lo menos, lo que prometieron en sus respectivas campañas y si no cumplen -cosa nada improbable-, y de esto no se salva ningún partido, exigirles las explicaciones pertinentes. Las soluciones posibles no son sólo tangenciales, sino necesidades diarias, cotidianas, vivas y recurrentes, que deben ser atendidas y resueltas con la celeridad debida.

Se debe acabar, de una vez y para siempre, que los gobernantes, en sus alocuciones, hablen en primera persona o en nombre del color político al que representan, para pregonar logros que no son solo suyos y mejor empiecen, por lo menos desde la palabra, a reconocer que es por la ciudadanía, que con su voto, los pusieron ahí en sus nuevos cargos y que sin el dinero de sus impuestos, producto del esfuerzo de la gente y su trabajo constante, ninguna obra necesaria para la comunidad, o asistencia social, serían posible en la vida púbica, ni siquiera para cubrir sus generosos sueldos de funcionarios.

Es menester entonces, potenciar una nueva forma de organización de la que participen todas aquellas personas con inquietudes y ganas de actuar en la política, para renovarla con nuevos cuadros que ofrezcan garantías, para empezar a confiar otra vez en ella.

Alguien debe empezar a cambiar, sobre todo ante los jóvenes, la pésima imagen pública acumulada en varios años, del vocablo ‘política’, es tarea de todos renovarla con acciones ejemplares y dignificarla para el bien de nuestro México, el de todos, no el de unos cuantos. Lo cuantitativo ya quedó expresado, lo cualitativo -tan necesario-, está por verse.