Estrenando amor

Por Maru Lozano Carbonell

Es bonito tener una ilusión, un para qué y un proyecto nuevo después de una separación por divorcio o por fallecimiento.

Al principio de toda nueva relación, se defiende la nueva pareja a toda costa, se hacen mil arreglos para estar juntos, se sacrifican horas de trabajo, de sueño y hasta dinero. Nada importa porque la nueva idea nos tiene eufóricos y hasta bonitos. No cuesta nada brincar obstáculos porque todos sabemos que el estado de enamoramiento es especial y nos mantiene como drogados, incapaces de percibir los malos olores, de pensar que el historial del otro va a afectar y nos aislamos de compañeros y vínculos familiares porque es interesantísimo conocer a los nuevos.

Pasa el tiempo y de repente sentimos que ya no es lo mismo. Claro, nunca pusimos límites ni hacia dentro ni hacia fuera y ahora volver al centro sacude la balanza. Ahora resulta que se está pareciendo a nuestro/a ex, ya no le gusta acompañarnos a nuestros eventos ni con nuestra familia; pero eso sí, uno tiene que ir como perrito faldero a donde él/ella diga, a donde sus hijos hayan marcado la agenda, pero acatando las condiciones que penden de su expareja. Cuando le pedimos que realice algunos acuerdos, el argumento legal aparece con fuerza. ¡Qué difícil! ¡Todos tienen razón! Los hijos de ambos están en su derecho de sentirse incómodos, el ahora novio o novia también tienen derecho a sentir cierto disgusto… ¿Cómo ajustar?

Creo que lo primero es aceptar que el diseño color de rosa es inexistente. Nada viene en ese color, nosotros tenemos que irlo atenuando y aunque duela, el color gris es el que predomina por principio en este tipo de experiencias. Segundo, tenemos que aceptar que requiere sacrificio. Todos los involucrados son personas independientes del esquema nuevo. Los hijos sienten horriblemente cuando papá o mamá están con otra persona, aunque poco a poco se acostumbren, les da inseguridad porque un hilo está lejos y el otro está ocupado con otro hilo… ¡Qué enredo! Si el hijo nota que mamá o papá está emocionadísimo con su nueva pareja, tanto que ya no pueden ir a sus actividades extra-escolares ni con amigos, pues da coraje y de ahí sus actitudes magistrales para echar a perder cualquier situación. Así que es recomendable respetar las cosas y horarios de los propios hijos, luego, dejar por lo menos un día para nuestras amistades y si se puede, acomodarnos dentro del círculo nuevo, pero sin estacionarnos ni querer meter a los nuestros a fuerza. Podemos negociar un pequeño cambio por parte cada quién y, cuando se salga con todos, unos escogen a dónde comer, otros la actividad siguiente y viceversa, imposible que los hijos escojan del todo como imposible que los adultos impongan todo. Acepta que se es un gran grupo tratando de convivir y que no hay guía, todos participan.

En la medida que veamos que nuestros hijos están bien atendidos nos sentiremos libres y relajados.

Se puede gozar bajo el respeto profundo, la paciencia y la realidad de que los hijos crecen, deciden, se van y nosotros nos quedaremos con aquello y aquellos que hayamos fincado en campo fértil y probable.