España cada vez se parece más a Venezuela

Por Claudia Luna Palencia

En España, más que una sesión de investidura, lo que se vivió el pasado 15 de noviembre fue un auténtico circo político pero al final, Pedro Sánchez, ha conseguido una mayoría absoluta en el Congreso: 179 votos, para quedarse otros cuatro años más, en la Moncloa y lo ha hecho fundamentalmente con la ayuda de los partidos políticos entre republicanos e independentistas catalanes, los nacionalistas gallegos y nacionalistas vascos. Todos los que quieren romper a España.

En el Congreso, cuna de la democracia española, que acumula 44 años de vigencia se profirieron reproches altisonantes y recriminaciones fundamentalmente contra Sánchez al que los partidos de la derecha calificaron de ambicioso y de anteponer sus intereses personales, por encima de la nación y de la democracia. La ultraderecha no ahorró descalificativos y llamó varias veces dictador y golpista a Sánchez al que incluso comparó con Hitler.

“Hitler también llegó al poder mediante unas elecciones, señor Sánchez, y sólo después maniobró para liquidar la democracia. Es historia, yo entiendo que les pueda molestar”, destacó Santiago Abascal, líder de Vox.

En la calle, el griterío de varios centenares de personas, exigían a Sánchez una repetición electoral y le acusaban de “vender a España” a los grupos independentistas a cambio de sus votos durante el proceso de investidura: esta vez han sido claves para conservar el poder (a pesar de haber perdido las elecciones generales el pasado mes de julio)  una amalgama de pactos con los partidos ERC, Junts, Bildu, PNV, BNG y Coalición Canarias que sumados a los 121 escaños del PSOE y los 31 de Sumar, estos pequeños partidos, aportaron la diferencia para conseguir esos 179 escaños.

En los alrededores a la calle de Carrera de San Jerónimo, la circulación se mantuvo controlada y los accesos blindados a más no poder, las fuerzas de seguridad evitaron a toda costa que la multitud rodease el Congreso.

Hay furia en la calle y rabia entre los miembros del Partido Popular (PP) cuyo líder, el gallego Alberto Núñez Feijóo, ganó las elecciones generales en julio pasado pero sus 136 escaños, ni siquiera sumados a los 33 de VOX, ni a un escaño de Coalición Canarias y el de UPN le sirvieron para investirse, ni por la mayoría absoluta, ni por la mayoría simple. Así son las monarquías parlamentarias y España es una.

“Yo he ganado las elecciones y usted las ha perdido dos veces aunque es verdad que sus pactos con partidos incluso como Bildu… a pesar de lo que es Bildu para nuestra memoria, los ha usado usted para quedarse como presidente”, espetó Feijóo en un Congreso completamente fragmentado.

En presencia de todos los legisladores, Sánchez afeó la victoria electoral del líder del PP y llegó a reírse abiertamente y a carcajadas, mostrando su lado más sombrío con un tono cínico contra Feijóo. “Aquí el único ganador soy yo”.

“Es un falso ganador y un real perdedor. Le recuerdo que para ser presidente del gobierno hay que conseguir 176 votos y a usted no le han salido las cuentas por su incapacidad para formar mayorías parlamentarias”, argumentó el líder del PSOE, con una sonrisa de oreja a oreja.

Es tan profunda la fractura política en España, que la legislatura recién instalada podría ser muy corta y, además, amenaza con causar un embudo en el proceso legislativo: Sánchez tiene una alianza con la ultraizquierda de Sumar y con los partidos catalanes republicanos e independentistas como son ERC y Junts así como los nacionalistas vascos del PNV, los etarras de Bildu y los nacionalistas gallegos del BNG y también con Coalición Canarias. Todos le han pedido a cambio una larga lista de concesiones.

No obstante, en el Senado, la mayoría la tiene el Partido Popular que ya anunció que rebotará todas las iniciativas de ley y reformas que pretendan implementar la famosa amnistía concedida por Sánchez, dentro de las negociaciones con los partidos independentistas catalanes, para obtener sus votos para ser presidente; todo, a cambio de un borrón y cuenta nueva, para  los presos políticos y condenados, desde 2012 a la fecha, por temas ligados con los intentos por proclamar la independencia de Cataluña así como acciones tendientes a crear resistencia ciudadana o bien boicotear a España dentro del territorio catalán.

A colación

La amnistía a los presos del llamado Procés (el referendo ilegal secesionista de Cataluña del 1 de octubre de 2017) tramado por Carles Puigdemont, entonces presidente del Govern catalán, ha unido a jueces, magistrados, despachos de abogados, constitucionalistas y grupos civiles para entablar una serie de demandas contra Sánchez a fin de frenar que la amnistía pueda ser una realidad porque socava al poder judicial y a la Constitución. De hecho, preparan denuncias ante los tribunales en la Unión Europea.

Además, se envía un mensaje muy negativo para el mundo de la economía, así lo subrayó Antonio Garamendi, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, al considerar que la amnistía es un ofrecimiento unilateral pactado entre un presidente en funciones, con una serie de grupos políticos, con la única finalidad de preservar su poder como presidente por otros cuatro años más.

Garamendi, va diciendo a diestra a y siniestra, que está acción es un pésimo mensaje para los mercados, los empresarios y los inversores y que no conviene nada para la Marca España.

Mientras tanto en las calles hay lío cada noche y el presidente Sánchez ha acusado tanto al líder del PP, como al de VOX, de sacar a la gente a la calle para llevar a cabo una serie de protestas a fin de llamar la atención de la prensa extranjera.

Lo cierto es que en las últimas dos semanas, todos los días en la calle de Ferraz, sede del PSOE, hay una multitud protestando contra el pacto de amnistía; y los fines de semana, los zócalos y plazas de las principales ciudades, se llenan de cientos de personas que acusan a Sánchez de traidor y de golpista.