Esos aires

Por Ana Celia Pérez Jiménez

A momentos pienso que el tiempo es el maestro del engaño, nos miente de tal forma y con tal facilidad que caemos totalmente redonditos, cual niños, como ingenuos, sin cuestionarlo o dudarlo sólo lo sentimos como si fuera verdad todo aquel dictado, todo ese poema, todo ese nombre, toda esa historia y esa mucha nostalgia.

Y el corazón se vuelve él mismo cómplice que llega a comprobar todo, a verificar las escenas del crimen, acordonar los puntos que nunca deberán ser tocados o editados y a guardar una que otra evidencia privada; no sé si soborna la memoria o el futuro que lucha por algo distinto lo contamina todo, pero sé que omite, sé que cambia versiones, que otorga, endulza y convence y vaya que convence! Para poder ser congruente con el sentimiento en turno.

Y uno cambia de sentido  lo que archivó, dicen que las memorias son treinta por ciento verdad y el resto imaginación y magia y yo lo creo, lo aseguró. Mis monstruos son enormes, ¿saben? Cuando los recuerdo soy diminuta y ellos feroces e irreales. Cuando recuerdo lo amado, lo amado era perfecto que no recuerdo motivo alguno por el cual lo puede yo haber dejado. Pero dentro de todo sé que me miento, sé de la mentira en el suelo y la memoria. Se el porqué de mi ahora y de esta forma. Porque mi yo entero y presente siempre monitorea mis decisiones para preservarme y protegerme, más allá de mi ego, de mi gusto, de mi autosabotaje y de mí mi presente  no encuentra coherencia, por mi aferre y arrepentimiento, por mi apego al pasado que no puedo cambiar y el todo esto que todavía no puedo desempacar.

Ya destruí mi refugio en el hubiera, lugar que me hacía tanto daño y he puesto en su lugar o mejor dicho hice de él un museo y lugar de estudio donde ahora puedo examinar y admirar lo que era, cuanto tanto he cambiado y que mucho, lo mucho que algunos momentos de la vida me aturdieron, detuvieron y cambiaron. Ya pienso y recuerdo, teniendo presente que no todo eso fue y al mismo tiempo es tan cierto.

 

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