Eso de comienzo y final

Por Ana Celia Pérez

Ahí estamos nosotros queriendo volver todo permanente resistiéndonos a lo finito, al punto final, estamos estirando el tiempo, el instante, el sentimiento, la conexión entre dos, entre tres, entre más. Es esa ironía de la que hablan Los Beatles en su famosa canción “You say goodbye when I say hello”, siempre un inicio seguido de un final y así consecutivamente en la vida, en las experiencias, un hola seguido por un adiós, un punto final seguido por una mayúscula, una puerta cerrando para iniciar un camino, un camino que llega a un puerta cerrada y ahí ocupas tocar.

Somos humanos viciados y desgastados en el deseo de permanencia, pero no sabemos que en la perfección del instante, del tiempo perfecto esta todo el secreto  de la chispa, de la sorpresa, de todo el sentimiento, es la llave de todo. Un bocado tiene su tiempo de efecto en el momento que entra a la boca y las papilas gustativas lo detectan como un “ahhh”  perfecto, en pequeños segundos, la extensión a minutos u horas de ese bocado no nos daría el mismo efecto, la misma sorpresa, el mismo sabor y lo volvería monótono y conocido; así los besos, así el amor.

La lluvia llega como riego, su permanencia nos daría un diluvio, el viento riega las semillas, su permanencia solo causaría erosión; el sol calienta, germina y que su exceso nos daría una sequía. Todo en tiempos perfectos,  en esos instantes que podemos atesorar esos si de por vida, que se vuelvan en amor, en esa negra no perecedera. Aceptar, dejar ir, disolver, fluir.

Saber saborear, observar, discernir al otro, a los otros; saber que nada nos pertenece, ni nadie nos pertenece; saber que todo es una maravillosa coincidencia, dos puntos que se unen, eclipses, un danzar. No olvidemos, atesoremos, cerrar los ojos y sentirlo todo. Darnos el permiso de decir adiós, darnos el permiso de terminar, darnos el permiso del nuevo comienzo, darnos el permiso de la reinvención y de ser sorprendidos por uno mismo.

Que para inmortalizar momentos basta con el flash de una cámara, para encapsular un sentimiento una poesía,  para transportarnos a un momento  solo se necesitan dos palabras escritas en una servilleta, si para recordar un compromiso basta ponerte un anillo, para ver a la locura una pintura, si para recordar el movimiento es suficiente escuchar de nuevo esa melodía. Dicen que la energía es lo  único que ni se crea, ni se destruye, solo se transforma, para mí la energía es el amor y para mí eso es  lo  verdaderamente eterno.

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