Escuela particular (o privada) en México ¿crecer o morir? Parte I

Por Gustavo Fernández De León.

Tanta sociedad como sea posible, tanto gobierno como sea necesario.

-Manuel J. Clouthier-

 

Vemos en nuestra ciudad nuevas inversiones en escuelas privadas principalmente de nivel superior pero también vemos que algunas escuelas tradicionales, principalmente de nivel básico, han venido cerrando sus puertas. Estamos ante un nuevo paradigma de la educación que imparten los particulares. Baja California y particularmente Tijuana se ha distinguido por tener más escuelas de sostenimiento particular que el resto de los estados. En nivel básico, el promedio nacional es del 9% mientras que en Tijuana ha llegado hasta el 15% del total de centros educativos, debido a los flujos migratorios y de crecimiento de la ciudad.

He dividido en dos partes esta columna para tratar por separado la situación fiscal y la función social de la escuela privada en México.

El origen de la escuela en nuestro país data de 1524 por los misioneros franciscanos pero no es hasta 1917 que el Estado mexicano decide hacerse responsable de la educación de su población. A partir de entonces, bajo un malentendido laicismo, la educación impartida por la iglesia (que no era exclusivamente religiosa) se convierte en casi clandestina ante un gobierno que iniciaba el gran monopolio de la educación en México. Y de esta forma a la educación privada en general se le etiqueta como religiosa aunque no todas pertenecen a una congregación.

Hoy la ley permite a particulares impartir educación desde preescolar hasta postgrado bajo la constitución jurídica de asociación civil sin fines de lucro principalmente aunque algunas están constituidas como sociedad civil y pocos como personas físicas.

Durante muchos años el Estado mexicano entendió la importancia social de la escuela particular como instituciones con actividad económica formal sin fines de lucro pero a partir del 2008 con el establecimiento de la obligación del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU) junto con el Impuesto a Depósitos en Efectivo (IDE) la educación entra a un extraño híbrido entre lo social y lo mercantil.

Esta reforma trajo consigo que por primera vez se pudiera deducir de impuestos parcialmente las colegiaturas para las personas físicas, padres o familiares, con un tope anual: Solo $14,200 son deducibles para preescolar, $12,900 para primaria, $19,900 para secundaria, $17,100 bachillerato técnico y $24,500 para preparatoria. Estos topes son inamovibles: no importa cuánto erogue el padre de familia, el tope inexplicablemente es el mismo.

La reciente reforma fiscal da un “tiro de gracia” a la educación privada ubicándola de facto como empresa mercantil estableciendo las mismas obligaciones del Impuesto Sobre la Renta (ISR) pero imposibilitada para trasladar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) teniendo como resultado que una escuela ahora llega a pagar más impuestos que una cantina o que cualquier comercio en general.

Finalmente el encarecimiento fiscal reflejado en las colegiaturas y el disminuído poder adquisitivo de los padres de familia, les obligarán a transitar de su mejor opción educativa a una que no satisface sus expectativas.

 

*Maestro por el Tecnológico de Monterrey

Presidente de Coparmex Tijuana

gustavofernandezdeleon@hotmail.com