Escenario comercial nebuloso

Por Claudia Luna Palencia

El próximo 1 de julio entrará en vigor el nuevo acuerdo comercial tripartito que sustituirá al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que inició su andadura el 1 de enero de 1994; finalmente, tras 27 años de vigencia, será reemplazado por el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).

Y no podía hacerlo en un escenario más adverso, la pandemia del coronavirus ha desatado un cisma económico sin precedentes, esta crisis es distinta a la de 1929 conocida como la Gran Depresión provocada por una turbulencia bursátil que se extendió a los canales financieros; tampoco es igual a la Gran Recesión de 2008 detonada por la quiebra de las hipotecas subprime y un pinchazo en la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y otras partes del mundo.

La crisis económica surgida como un daño colateral de la emergencia sanitaria global por el SARS-CoV-2 ha trastocado la inercia de los mecanismos que dinamizan las relaciones comerciales internacionales, alterando las cadenas de valor y de suministro; con ello han provocado un shock en la oferta no sólo de commodities y de otros bienes primarios e intermedios necesarios para cientos de fábricas e industrias para su transformación o bien para terminar algún producto.

Con las cuarentenas y confinamientos de la población decretados en varios países para contener la propagación del coronavirus, en unos casos forzosos plenamente y en otros semi-parciales sucedió una hibernación económica debido a plantillas de trabajadores reducidas al mínimo para evitar su exposición a la carga vírica del Covid-19 o bien de industrias que debieron parar totalmente al no ser consideradas esenciales para la supervivencia de la población.

Varios sectores secundarios y terciarios, no sólo en México sino en otras partes del mundo, con una considerable derrama económica generadoras de fuente de riqueza para el PIB quedaron paralizados: como lo son la industria de la construcción, la industria automotriz y el sector turismo.

A eso se añade el cierre de fronteras que igualmente muchos países del mundo han ejercido para evitar no sólo el trasiego de personas de otros países para ingresar a sus respectivas fronteras sino también se ha ralentizado el flujo de transportes cargados con bienes, materiales y mercancías que en condiciones de normalidad no tendrían por qué enfrentar fronteras poco porosas ni revisiones de los transportes; por ejemplo, en países con un libre comercio firmado o con un acuerdo como el de la UE que permite el libre tránsito de personas y mercancías entre sus 27 países miembros.

La pandemia ha trastocado las cadenas de valor y de suministro alterando las condiciones del comercio internacional que, además, no se avizora una pronta vuelta a la regularidad de circunstancias.

No sólo se habla de una nueva normalidad que dejará a las sociedades habituarse a una serie de normas para convivir con el coronavirus en lo que llega una vacuna efectiva; también habrá una nueva economía, porque este patógeno ha desnudado no solo las carencias de todos los sistemas sanitarios públicos del mundo, sino también las deficiencias de un sistema productivo que deberá añadir sí o sí, la tecnología digital dentro de su esfera económica: ojalá que finalmente todos veamos el lado positivo de la Sociedad de la Información porque, hasta el  momento, estamos acostumbrados a utilizar las redes sociales de forma familiarizada… pero seguimos lejos de trabajar desde casa como si estuviésemos sentados en la oficina de la empresa.

A colación

Bajo este escenario adverso entrará en vigor el TMEC, ya de por sí venía con meses de una batalla dialéctica entre México y Canadá contra Estados Unidos y la postura proteccionista de su presidente, Donald Trump.

Y vamos a decirlo: México ha tenido suerte de haberlo renegociado y sacado adelante del Congreso, al menos ya estará en marcha próximamente; peor sería continuar renegociándolo y detenido en el aire, en medio de una pandemia.

Ya no hay forma de que Trump se haga para atrás porque el coronavirus es un pretexto perfecto para aquellos políticos a favor del control de fronteras y de hacer del proteccionismo su vacuna económica y comercial.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) estima una reducción del comercio mundial “de entre el 13 y 32 por ciento” debido a las perturbaciones que he mencionado -por culpa del coronavirus- y que recaen en las relaciones productivas e internacionales del intercambio comercial

Son datos dolorosos y preocupantes para los flujos comerciales que ya venían tocados sensiblemente debido a la guerra arancelaria sostenida entre Estados Unidos y China en los últimos 24 meses; una guerra de aranceles que también ha salpicado a otras naciones porque los impuestos ad valorem, contra las importaciones del acero y del aluminio, anunciadas por el gobierno norteamericano están vigentes para el resto del mundo.

De acuerdo con la OMS: “Casi todas las regiones sufrirán en 2020 disminuciones de dos dígitos del volumen del comercio, y las exportaciones se verán especialmente afectadas en América del Norte y Asia; es probable que la caída del comercio sea más pronunciada en sectores caracterizados por la complejidad de las cadenas de valor, sobre todo en el caso de los productos electrónicos y de la industria del automóvil”.

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