¡Es una pena!

Por Maru Lozano Carbonell

Leer y enterarse que a los médicos se les restringe cada día más su trabajo, es una pena.

El Dr. Pablo Lezama, egresado de la UNAM y con veinte años trabajando en Institución de Salud, específicamente en el Hospital Infantil de México Federico Gómez, como Jefe de Oncología Pediátrica, comenta de los muchos pacientes que tiene y al mismo tiempo, espacios muy limitados. Este médico da todo y se las arregla para otorgar el servicio pese a que solo se le asignan dos días a la semana para cirugías mayores, tienen ahí 700 procedimientos por año en oncología. Imagínate que el primer paciente entra a las 6:00 am y el último salía a las 7:00 pm.

Se le pide que acorte la atención. En marzo pasado le disminuyen el tiempo para cirugías por no haber suficiente personal de enfermería. La reducción consiste en ingresar a cirugías a las 8:00 y no pasarse de las tres de la tarde; es decir, bájale hasta en un 40 por ciento.

El Doctor Lezama compartió que apenas hace unos días se redujo el presupuesto en un 50 por ciento en servicios de anestesia, entonces las cirugías bajarán en el mismo sentido. Ya le pidieron una listita de los pacientes con tumores sólidos que podrían derivarse a otros Centros.

Pobres nuestros niños y adolescentes que, además de lidiar con la pobreza, tienen cáncer y ahora el problema de ser cancelados en sus tratamientos.

Como cereza en el helado, nos tenemos que aguantar porque ahora los pasantes de medicina y enfermería, ya no contarán con su beca. O sea, que los que van a zonas rurales pondrán de su bolsa (si pueden) para ir, venir, atender, etc. Según esto, se les dará solo la mitad de lo que recibían. Tampoco habrá, a partir del primero de agosto de este año, nada de los recursos a los alumnos de odontología y otras áreas por el estilo.

A ver cómo le hace el gobierno para cubrir la atención en los muchos lugares en donde, si no fuera por los pasantes, nada habría. Recuerdo tanto cuando mi hija hizo su servicio como pasante de odontología y ella misma llevaba los tapa-bocas, pagó su uniforme y en medio día, se tenía que aventar hasta 14 pacientes a los cuales, solo se les practica extracción, amalgamas y limpiezas dentales. ¡Ah! pero quítale el número que pensaste porque una hora, de cada día, tenía que impartir pláticas de salud bucal y diabetes a los derecho-habientes en el mero pasillo. Ella elaboraba sus propios materiales visuales. También la mandaban a impartir pláticas a escuelas ubicadas en el fin del mundo y poner flúor a los niños. Por supuesto, nadie le pagaba el transporte ni nada.

Dani me cuenta que el dentista de base solo llenaba expedientes en lo que ella trabajaba. Le daba rabia que, en lugar de pasar a los pacientes desde temprano y atenderlos (los dueños de las plazas), los acumulaban hasta que ella llegara. Era muy común que mi hija llevara cartuchos de anestesia de su propio bolsillo, porque como no había suficientes, le decían que no pusiera y se aventara los tratamientos así nomás.

Recortar aquí el presupuesto es la nueva moda. ¡No desmotiven! ¡Por eso surgen las actividades ilícitas y la violencia! ¿Cómo evitar esto? ¿Qué podemos hacer?