Epidemia de noticias falsas

Por Daniel Salinas Basave

Un gran fantasma recorre la política y los medios de comunicación en el Siglo XXI, un espectro omnipresente e incisivo que consigue tender trampas incluso a los expertos y avispados. Es el fantasma de las Fake News la gran epidemia de la última década.

Cualquier estratega digital debe ser que hoy en día, es casi imposible encontrar una contienda política que esté libre de este fenómeno. La multiplicación de los llamados “hacktivistas” ha dado como resultado que varios cientos o miles de personas pueden dedicar buena parte de su vida a sembrar rumores o percepciones basados en hechos o dichos que nunca ocurrieron o que fueron manipulados y tergiversados. De la misma forma que la campaña de Barack Obama representó el gran bautismo de las redes sociales como vía y agente de cambio en materia política, la campaña de  Donald Trump en 2016 representó la consagración de las Fake News como un elemento decisivo a tomar en cuenta en una contienda electoral. Incluso el término alternative facts, verdades alternativas se ha popularizado desde que llegó a la Casa Blanca, de la misma forma que en México Andrés Manuel López Obrador ha popularizado el “yo tengo otros datos” para contrarrestar verdades periodísticas.

Las noticias falsas siempre han existido, pero nunca como ahora se habían propagando de manera tan vertiginosa. A menudo las noticias falsas suelen partir de un difuso rumor, de algo que pudo haber tenido una mínima parte de verdad pero que es distorsionado o sacado de contexto.

Para que la noticia falsa florezca debe existir alguien poco ético (un periodista comprado, un operador político o un militante fanático) que en forma alevosa tergiversa, infla o saca de contexto una información o deliberadamente inventa cosas que no ocurrieron. Sin embargo, el verdadero caldo de cultivo de la noticia falsa, es que exista un prosumidor que la crea y la multiplique. El prosumidor tiende a creer de buena fe en la noticia falsa y suele compartirla en sus redes personales, sobre todo si perjudica a algún personaje o partido político que personalmente repudia.

A la par de la epidemia de noticia falsas, ahora se ha puesto de moda el contradictorio concepto de la Posverdad. El Oxford English Dictionary define Posverdad como una situación en que “los hechos objetivos son menos determinantes que la apelación a la emoción o las creencias personales en el modelaje de la opinión pública”. Para el DRAE, es la “distorsión deliberada que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública”.

La experiencia demuestra que una noticia falsa nacida en un portal falso difícilmente logra trascender más allá del microcosmos de su promotor. Lo fundamental en estos casos, es detectar el origen. Si la nota no logra trascender más allá del microcosmos de portales allegados u operados por colaboradores, lo mejor es ni siquiera desgastarse en atajarla o denunciarla. Su extinción será natural, pues salvo que presente una inversión atípicamente agresiva, su periodo de vida será efímero. Si la nota trasciende entre 500 lectores en un universo de un millón entonces no hay nada que temer y ni siquiera vale la pena ensuciarse las manos en una pelea sin sentido.

El efecto viral puede palparse cuando la nota en cuestión se mete espontáneamente a los temas de conversación de la gente en la calle. Es entonces cuando se puede decir que la epidemia nos ha contagiado y nos ha puesto a hablar y debatir sobre falsedades que nosotros mismos nos encargamos de multiplicar.