Envidia

Por Jorge Alberto Gutiérrez Topete

Entre las ciudades del pasado y las del presente en nuestro país la constante es haber perdido espacio público a favor del espacio privado, las calles y avenidas para los autos. El modelo de ciudad mexicana promovido por gobierno federal y gobiernos locales durante las últimas décadas nos ha dejado ciudades dispersas en el territorio, desconectadas para quien no desea o no puede tener un auto privado y distantes para todos. Fuimos persiguiendo un modelo de ciudad donde el rey era el automóvil y los desarrollos inmobiliarios a manera de “privadas” con guardia a la puerta y pequeñas casitas de 3 metros de frente a su interior se convirtieron en el “sueño mexicano” según quienes planeaban y construían ciudades como Tijuana.

Este modelo tan repetitivo genera aislamiento entre la población, utiliza muchísimo espacio para calles y ha generado en el tiempo desarrollos o “privadas” donde muchas de las casas están abandonadas ya que no resultaron vivibles para sus moradores además de estar alejadas de todo aquello que requiere una persona además de un techo donde vivir. En las calles y avenidas las leyes y reglamentos valen poco, sobre todo para la gente común. Si eres rico, fuerte, influyente o perteneces a un grupo políticamente valioso, las reglas las haces tú. Reglamentos y leyes son letra muerta en nuestra ciudad.

Durante estas vacaciones tuve la oportunidad de visitar en otro continente ciudades pequeñas, medianas y grandes donde la constante ha sido la misma: densidad poblacional constante en sus centros, excelente transporte público (autobuses, tranvías, metros y trenes suburbanos), además de calles construidas para los humanos. Estas calles, están diseñadas para ponerle todos los obstáculos posibles para quien se mueve en automóvil privado y todas las facilidades para quienes caminan, circulan en bicicleta o se mueven en transporte público.

Además de esto, todo tiene su lugar; contenedores en las calles para que se separe la basura de los materiales a reciclar, plazas de todos tamaños donde la población se puede reunir, pequeños parques infantiles bien ubicados y mantenidos, escuelas cercanas a los pobladores, compactas pero efectivas unidades deportivas esparcidas estratégicamente para la población, equipamiento urbano, cultural y social accesible para todos y sobre todo, ciudadanos que respetan las reglas y autoridades dispuestas a castigar a quienes no lo hacen.

Obviamente no verás en las calles autos sin placas o en pésimas condiciones mecánicas, basura en las banquetas o autos en doble y triple fila fuera de las escuelas esperando a sus hijos salir. Tampoco encontrarás a policías y autoridades extorsionando a los ciudadanos. Entienden que están ahí para ayudar y asegurarse de que las reglas establecidas se sigan. Son implacables.

Autoridad y ciudadanos conocen el papel que tienen que jugar en la ciudad y lo hacen con completa naturalidad. Esto genera un sentimiento de orden, certidumbre y justicia que permite a la sociedad desarrollarse mejor, tener una calidad de vida más balanceada entre los que menos tienen y los que más tienen generando un mejor tejido social y una identidad única de ciudad.

Ojalá y algún día, otros tengan envidia de nuestra ciudad. Algún día…

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