Entre un libro y una siesta

Por Ana Celia Pérez Jiménez

La contradicción en mí es un consejo, uno que me dice que acepte el error, la no perfección, el no plan y me habla de que abra un poco la mano y comience a soltar, porque no estoy deteniendo las consecuencias solo me estoy asfixiando a mí misma. Desde pequeña le temía a todo, imaginaba la peor consecuencia, si me la enseñaron para protegerme de eso estoy consciente, pero aun en mi libertad de adulta me impresiona, se viene de porrazo la paranoia y angustia, la que he aprendido a espantar, bueno no tanto así como espantar mejor digamos he logrado encontrar las palabras con las que logró convencerlas de que se retiren.

Hay tantas cosas que no entiendo de mí, imagino entenderlas si, pero sé que estoy muy alejada de la verdad, del momento, de la escena, y de la raíz que continúa dejando en mí tanto cabo suelto. A momentos intentó separar los ingredientes de mis peores fijaciones, como cuando quieres adivinar la receta de un platillo, y poco a poco van saliendo los dolores, las pérdidas, el rechazo, la soledad, entre otras más, cosas con las que no sabes lidiar en una edad corta, así que mutas, cambias para poder digerirlas, para continuar, te mientes a ti misma y desde ahí vas conociendo de primera mano el engaño para poder seguir con la rutina de una niñez ordinaria marcada por los libros y la diversión que marcan y pintan las fotos.

Pero a decir verdad se sigue siendo el mismo, queriendo ser amado, queriendo ser, tratando de hacer algo de la vida que se nos ha dado y la otra parte que nos ha tocado. Y sinceramente todos los días, bueno no todo los días no soy tan eficiente, pero a menudo me encuentro creciendo más, aceptando más del mundo y obviamente de manera consecuente también a mí persona. No existe esa fórmula  que todo lo resuelve y todo lo acomoda y también estoy aprendiendo a que eso está bien, que es aceptable y a veces necesario.

El caos de mi vida ya no es un error, es un abstracto  de mi camino, de mi rutina terrenal. Ya no me disculpo por ser yo cuando verdaderamente estoy siendo yo, ya que la hipocresía esa va en otro capítulo de obras y máscaras y en esa ciertamente el perdón es una muletilla; pero cuando hablo de mí, del colorido y contrastante mundo que llevo, maquino y logró día a día, hablo de la certeza de saberme todo esto y todo aquello que todavía no conozco, sé lo que me hace y deshace, se dónde me duele, sé que he evitó, que repito y con que me curo.

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