Entre hora y hora

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Todos tenemos cosas no dichas (bueno o al decir “todos” hablo de los que yo puedo calificar con esa totalidad) llevamos declaraciones, palabras, emociones no expresadas, una confirmación o negación, la vuelta de la mentira que no le pudimos o elegimos no dar.

Y dejamos que pase el momento exacto dominado por el silencio, y presenciamos y es un suceso porque no queremos hacer más, otras veces no sabemos cómo y el resto se esconden entre otras tantas excusas y el olvido.

Pero siempre hay un punto, momento, un vacío de ruido o el alarmante sonido que hace que resuene por dentro como campanas de llamado, como un día de independencia y se vuelve fuerte, agudo y no evasivo eso que se formuló y no sé resolvió, eso que se pronunció pero no sé dijo, el despertador suena y ya no puedes regresar a soñar, el pasado hecho nudo está ahí y está veo el viene hablar.

Y yo lo entiendo y me entiendo porque fue mi silencio, ahora en retrospespectiva no me disculpo pero me comprendo, no poseemos la totalidad del panorama, la foto del tiempo no se revela a tiempo y siempre actuamos como mejor podemos y eso me digo yo, en vez de sacar la silla de los castigados me pregunto y me respondo el porqué de mis decisiones, sin juicio sólo por entendimiento, para dar resuelta sepultura a tanto fantasma que me quiere a momentos débiles emboscar.

Las vivencias nos cambian, lo pronunciado igual, las personas, los días, el café y el pan, todo crea un vestigio y transformación en nuestra persona, también en la tela que se cuela el pensar. Pero ya deshabito mis salas de almacenaje, huelen a viejo y humedad, atraen animales y también suciedad, no me hacen bien, me enferman y yo no me quiero detener y ya en ello paralizar.

Saco cosas en mis letras, en mis hechos, en mi vida, en mis cantos y abrazos, trato de drenar en lo que tengo, los que tengo y conmigo misma. Transformó la culpa y remordimiento en expresión, en actos, en cometidos, en compromiso y así se sale todo, más ligera, más liviana, sin una colección de escenas y vocablos, de momentos y retratos.

Prefiero soltar conmigo, a la par, sin reserva, sin tanto cuestionamiento, porque ya de por si al mundo le gusta confundirnos, y a la mente engañar.