Enmarañado

Por Maru Lozano Carbonell

Estaba en mi patio tomando café cuando escucho discutir por más de tres horas, a una pareja que nomás no se ponía de acuerdo.

En red social, él dio “like” y puso un comentario de “qué guapa” a una foto y ese era el motivo de la discusión.

Sólo escuchaba reclamar lo que él hacía, lo que ella hacía, comparaban hechos, personas… hasta que de repente ella le dice: “Llevamos más de cuatro años juntos y nunca me has dicho guapa a mí”. Hubo un largo silencio.

Más tarde retoman la discusión reclamando ella por qué lo hacía y que no quería aquello se repitiera.

Él no cedía y todo terminó en portazo y separación momentánea.

Esto de las redes y la facilidad que tenemos para satisfacer el ego detrás de una pantalla es práctica común.

Yo escuchaba al caballero muy encantado con el numerito que ella le montaba, se sentía halagado y fascinado por ser centro de controversia; sin embargo, ya pasadas algunas horas, se sentía harto, cansado y sus palabras fueron agresivas: “Así soy, aquí estoy, ¿qué más quieres? Si no te gusta pues es tu decisión…”.

O sea, él coquetea en redes y la que está mal ¿es ella? Hoy por hoy, es importante saber con quién te vas a relacionar. Desde antes tú sabes cómo es tu pareja y cómo se comporta en plataformas. Tú ya sabes cómo es y has elegido.  Quizá lo conveniente sería establecer sus propias normas en la relación.

No existe un estándar ni un código específico, pero para una persona puede ser muy hiriente compartir contraseñas, para otras parejas es común.  Habrá parejas que decidan respetar y no tenerse en la misma red, habrá a quienes no les afecta en absoluto porque lo que ambos postean no es coqueteo, pero a lo mejor es foto de un platillo, de la mascota, de un paisaje, etc.

Es importante que se sienten a analizar qué les afecta y por qué les afecta y sobre todo, decir cómo se sienten. A la pareja que escuché darle vueltas y vueltas al asunto hasta llegar a los insultos ya por cosas que ni estaban relacionadas al hecho inicial, nunca se oyó decir cómo se sentía, sólo al final que él le dijo que lo tenía harto con sus celos.

El respeto y la tolerancia es algo que se tiene que comunicar. Decir qué es exactamente lo que te afecta, cómo te sientes y lo que se pueda proponer.  Imposible tener a la pareja con un visillo para impedir la visibilidad.

¿Cómo confiar? Si estás corriendo detrás de alguien dando vueltas cansadas sobre su circuito, quizá te falte hacerte el propio. Corre tu propio circuito de vida, ¿cuáles son tus sueños? ¿Cómo produces? ¿Cómo contactas a tu familia y amigos? ¿Qué pasatiempo realizas? ¿Cómo te diviertes? ¿Cómo creces intelectualmente? ¿Cómo alimentas tu espíritu?

Una persona con vida propia es perseguida, es atractiva, sabe acompañarse no de una, pero de muchísima gente. Dice Florencia Deffis que: “Las relaciones casuales no son aerolíneas, por lo tanto, no premian tu lealtad, el tiempo de permanencia, ni las millas recorridas”.

Vales la pena tanto como para ser encantador cuando tienes vida propia y así decidir acompañar y ser acompañado. ¡Se puede!