Engañando a México: El factor Peña

Por Manuel Rodríguez Monárrez

La amígdala de Peña no responde, la ínsula tampoco. Hace tiempo que ambas regiones cerebrales quedaron atrofiadas por la acumulación de mentiras. El factor Peña: es la capacidad de actuar mal y considerarse buen presidente. Lo que el presidente enfrenta es una crisis de liderazgo, ante su incapacidad manifiesta de atender un principio elemental del derecho que debió haber estudiado en la Universidad Panamericana: dónde no hay ley, no puede haber confianza.

Peña evade, Peña se encierra, Peña arremete, Peña amenaza y las consecuencias de su incapacidad nos son transferidas al pueblo en forma de impuestos y problemas sociales. Sólo unos cuantos se benefician del sistema del engaño.

Desde temprana edad, Peña fue incapaz de resistir a la tentación de copiar su tesis. Su falta de autocontrol lo llevó a tomar la decisión de plagiar su tesis de licenciatura a más de 10 autores.

Su llegada al poder, representa la inmoralidad institucionalizada, una nueva generación de políticos superficiales que favorecen los comportamientos poco éticos. El fin justifica los medios. Al cabo que en México hacer trampa es cosa de todos los días, dicen algunos. Pareciera que estamos conociendo la otra cara del Presidente.

Aristegui no tuvo piedad, presentó a Peña como el presidente más deshonesto en la historia nacional. Los oficialistas quieren quemarla por bruja sediciosa. Pero, ¿quién es en realidad éste hombre?, ¿qué sintió Enrique, el joven estudiante de la Panamericana, de estar plagiando los aburridos párrafos de Miguel de la Madrid?, ¿no merece eso una doble sanción? Tal vez cuando copiaba sin citar a Krauze nunca se imaginó que estaría sentado en la silla presidencial, total el mamotreto sólo es un requisito para ser por la vía del plagio licenciado en derecho en este país.

Odio a mis sinodales más que nunca. Porque no me trataron como a Peña, tal vez no vieron en mí el lado oculto de mi copete.

Por culpa de Carmen, una mentirilla se hizo grande. Lo que demuestra que la urgencia por mentir empieza desde edades tempranas en el PRI, en cierto punto, el monstruo crece tanto que se vuelve presidente. ¿Reconocerá algún día el presidente que está mal plagiar?, se preguntará, ¿qué hacen con la gente como yo en México?

Decir que todo el mundo lo hace, serviría para legitimar y ganar tiempo, afirman los asesores de Presidencia. Mientras tanto, qué daño le causan al país, dónde queda la ética, la moral, la ley y la confianza social: en lo más hondo de algún pantano tabasqueño, tal vez. Quiere decir que si a Peña le es permitido plagiar, nosotros podemos pasarnos los altos y exceder el límite de velocidad. Si Peña plagia, significa que podemos evadir impuestos.

El escándalo conductual de Peña es recurrente y la pregunta es cuántos años más tendremos que seguir soportando las enormes consecuencias del engaño político en México. La respuesta de la presidencia ante una conducta irracional de su titular no puede ser culpar a una periodista de vengativa. Después de la controversia los Peña-bots vandalizaron las redes, pero qué sentirá Peña del camuflaje que utilizó para llegar a la grande.

Recuperar la confianza entre la sociedad y el gobierno requiere que los primeros en respetar un código moral de buena conducta sean los que dirigen. Casos como éste nos toca nuestra propia fibra moral, recordar este lamentable episodio nos puede ayudar a reducir la deshonestidad en la administración pública mexicana. La diferencia entre Aristegui y Peña es que la primera sí asume las consecuencias de lo que dice y hace y el segundo no. El sistema está al borde del colapso.