¿Enfrentando al cáncer de próstata?

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“El primer medicamento para vencer una enfermedad es la actitud positiva”

El título de este artículo es idéntico al escrito por Andy Grove, gurú empresarial de los 90s y fundador de la compañía de semiconductores INTEL, publicado en la revista FORTUNE en mayo de 1996. Sólo los signos de interrogación fueron añadidos, estos debido a la duda clínica y razonable de mi cuñado médico.

A la edad de 58 años, Andy Grove fue diagnosticado con cáncer de próstata, y retando las recomendaciones y prácticas médicas disponibles de esos tiempos, logró superarlo.

Su articulo en FORTUNE, en conjunto con mi FE, fueron mi inspiración ante el reto que se me presentaba.

En junio del año anterior, en los análisis de sangre que me hago periódicamente, el PSA (antígeno prostático) me dio dos resultados arriba de 4.0 en un lapso de quince días.

El antígeno prostático es una sustancia sintetizada por las células de la próstata, y es el indicador más utilizado para indicar cualquier anomalía en la misma.

Un PSA arriba de 4.0 viene acompañado del llamado PSA libre, donde a menor proporción con el PSA total, es indicador de cáncer prostático, el mío indicaba una posibilidad de más del 50%.

Con estos resultados fui a consultar un médico urólogo, que mediante la respectiva auscultación, no encontró nada anormal; tejido blando y una próstata de tamaño normal. Para asegurar, me recetó una resonancia magnética (MRI) del área.

El resultado del MRI fue un tumor de 7mm en la parte periférica derecha de la próstata, con clasificación de PI-RADS 4, equivalente a “probabilidad alta de un cáncer clínicamente significativo”.

Lo que seguía era una biopsia, cuya patología indicó dos tumores en la misma zona, uno de 9mm y el segundo de 11mm, donde la clasificación del segundo era de un cáncer sumamente agresivo (Gleason 4+5=9), con invasión nerviosa (perineural), cuyo significado era que el cáncer podía estar expandiéndose rápidamente a otros órganos.

En los exámenes sanguíneos previos a la biopsia, el PSA había bajado a 3.93, algo inusual para un cáncer agresivo.

La recomendación del urólogo fue que previo a cualquier tratamiento, me hiciera un PET SCAN de todo el cuerpo, para asegurar que el cáncer no estuviera ya metastizado.

A partir de recibir el diagnostico, y en base a lecturas y recomendaciones de un amigo con un padecimiento similar, empecé a comer diariamente unas semillas llamadas moringa y dosis de chile habanero. Las propiedades curativas de estas frutas pueden ser consultadas en internet.

Los dos principales procedimientos para eliminar el cáncer prostático son la cirugía (prostatectomía radical), o la radiación en diferentes opciones, ambas con serios efectos secundarios.

Los efectos inmediatos de la cirugía son inconsistencia urinaria y disfunción eréctil, donde el proceso de recuperación, si se da, depende de la edad y las condiciones físicas del individuo.

Cualquier tipo de radiación tiene riesgo de afectar otros tejidos, con efectos secundarios menores en la función urinaria y la disfunción eréctil, donde en el caso de un cáncer agresivo debe ir acompañada de terapia hormonal, esto debido a que la testosterona hace crecer los tumores, por lo que se requería paralelamente una castración química temporal.

Evaluando alternativas, programé la prostatectomía radical con cirugía laparoscópica para finales de noviembre.

Dentro de los doce doctores que consulte en Tijuana y San Diego, uno me recomendó solicitara una segunda patología a mi biopsia, misma que fue hecha en Los Ángeles.

En el inter, me trasladé a la CDMX, una de las tres ciudades que tienen la tecnología para el PET SCAN que necesitaba. Los resultados fueron negativos a cualquier actividad tumoral regional y/o metastásica más allá de la ya reportada en la próstata (miT2NOMO).

A la par, llegaron los resultados de la segunda patología de la biopsia, que a diferencia del diagnostico previo, si bien indicaban los mismos dos tumores, estos eran 2mm más pequeños respectivamente, y con un factor de agresividad menor (Gleason 3+4=7).

Con los nuevos resultados, me fui a ver un oncólogo/radiólogo, mismo que reclasificó la agresividad del cáncer a intermedio, recomendándome un procedimiento llamado “Cyber Knife (CK)”, y sin la necesidad del tratamiento/castración hormonal.

El CK es un sistema de radiocirugía robótica no invasiva, para el tratamiento de tumores, que administra altas dosis de radiación con precisión extrema, reduciendo los posibles efectos secundarios.

Ante esta nueva alternativa, cancelé la cirugía y programé la radiación. En el inter, me hice nuevos exámenes trimestrales de sangre, mismos que arrojaron un PSA de 2.11, el segundo mas bajo de los últimos 10 años que tengo registro.

Consultando a los médicos en relación a mi PSA a la baja, los mismos respondían que una vez diagnosticado el cáncer el PSA no vuelve a ser relevante hasta después del tratamiento. Sin embargo, en mi lógica y lo que había estudiado, un cáncer intermedio o agresivo como el de mis diagnósticos, debería estar cuando menos manteniendo un PSA arriba de 4, situación que claramente no estaba sucediendo.

Programé la radiocirugía para iniciar a mediados de este enero. Para asegurarme, me hice nuevos exámenes de sangre a principios de ese mes, donde el resultado fue un PSA de 1.79. No tenía un registro de un PSA menor a 2.10 desde el 2012.

Con estos nuevos resultados, solicité el oncólogo/radiólogo un nuevo MRI previo a iniciar la radiación. Los resultados fueron sorprendentes, los tumores desparecieron, y en la misma zona sólo queda una hipo densidad con una clasificación PI-RADS 2, cuyo significado es “probabilidad baja de un cáncer clínicamente significativo”.

Ante la evidencia, y un poco reacio, el doctor me dio temporalmente de alta entrando a una fase de “vigilancia activa”.

Aun ante la evidencia de tres diagnósticos independientes con resultados similares, existe siempre la duda de que el padecimiento hubiera sido una hipertrofia prostática benigna, aun cuando nunca presente ningún tipo de sintomatología relacionada a ésta.

Con la crisis superada por el momento, mi lección de vida es que la misma puede cambiar de la noche a la mañana, pero también que no existe nada que la FE y la mente no puedan superar. Ciertamente fueron tiempos oscuros y de incertidumbre para mi, mi esposa y mis hijos, tiempos que nos unieron más y nos hicieron más fuertes.

Lo que queda es seguir monitoreándome, con el habanero y la moringa acompañando mi dieta por el resto de mi vida.

En el inter, mi recomendación para todos los hombres arriba de los 40 es un examen semestral de PSA y una visita anual al urólogo. El cáncer de próstata es curable si se detecta en su etapa inicial.