Enfocando datos: Cárceles desperdiciadas

Por Juan Carlos Ochoa*

La mayoría de nosotros que vivimos una vida “normal” y en libertad nos genera poco interés la forma en como viven las personas que por alguna razón están encarceladas.

Es un tema que no nos interesa mucho porque lo vemos ajeno a nuestra realidad. Desafortunadamente en un país como el nuestro en el que existe 98% de impunidad  y una ausencia de estado de derecho no podemos estar tranquilos de no caer ahí aunque “nos portemos bien”. 

Dejando por el momento ese tema de lado, no podemos ignorar el hecho que existen graves problemas en los reclusorios, como  la sobre población (que en una celda para cuatro viven 30 0 40 personas),  el tráfico de drogas, corrupción, privilegios para los que pueden pagarlos, violencia y en algunos casos auto gobierno de ellas mismas por parte de los reos.

Teniendo esto en mente  yo me pregunto:  ¿Qué hace tanta gente ahí todos los días?, ¿Qué hace el gobierno para generar en ellos un cambio y convertirlos en gente productiva cuando salgan?, ¿Qué va a hacer tanta gente al salir y no tener un sustento para su familia?, y finalmente,  ¿Por qué tener tanta capacidad ociosa en las cárceles cuando podrían  ayudar a mejorar la productividad del país y aprovechar tanto tiempo desperdiciado?

Resulta casi increíble que los años pasan y pasan y no se genera un plan inteligente para aprovechar al menos alguna parte de tantas horas hombre desperdiciadas en reos que solo “matan” tiempo esperando salir. 

Como en la mayoría de los casos en México,  no se debería de buscar encontrar el hilo negro, existen casos de éxito que pueden generar un círculo virtuoso en los reos que los beneficie y a su vez aporten algo a su familia y a la sociedad. 

En Brasil existen cárceles en las que los reos ayudan tejiendo muñecas para una empresa que las comercializa, obviamente les pagan menos que lo que pagarían a alguien fuera de la cárcel, pero a los reos les sirve para entretenerse, aprender un nuevo oficio y generar recursos para apoyar al sustento de su familia. 

También existe el caso en el que presos se turnan para pedalear bicicletas que generan energía que es aprovechada por la cárcel y con la que se ilumina una de las avenidas de la ciudad. De esta forma hacen ejercicio, reducen costos de electricidad y ganan reducción de días de sentencia. 

Finalmente, otro caso curioso consiste en hacerlos leer libros (previamente seleccionados) y hacen una reseña que es evaluada por personal docente y que les otorga 3 días de reducción de sentencia por cada uno.

Hay infinidad de maneras en que los presos podrían contribuir a su bienestar, al de sus familias y del país, además de reducir costos al gobierno por su manutención. ¿Hasta cuando el gobierno se dejará de pasar la bolita y crear estrategias inteligentes para reinsertar a esa gente a la sociedad?  No se requieren soluciones mágicas, solo creatividad, trabajo y sobre todo mucha voluntad.

*El autor es Director asociado de Focus Investigación de Mercado