En una hoja blanca, porque olvide mi diario

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Quiero ser desafiada por la pasión de un viernes por la noche, quiero reventar en las fuerzas de un lunes al despertar, quiero sentir la serenidad de un domingo en la mañana. Quiero, porque no lo tengo, deseo porque lo he probado, sé de otras realidades  porque desgraciadamente solo lo he leído. Quiero experimentarlo todo, quiero mis propias experiencias, caídas, cortadas, moretones, desenfrenos y golpes de ego. Quiero usar los colores de invierno en este verano, quiero usar un amor pasado para tragarme este bocado que no he podido masticar. Al parecer hoy lo quiero todo y tengo las ganas, mañana no sé, quizá sea apática, mi escritura nula y sea un martes continuo.

Hoy también quiero y se me antoja  adentrarme en mi tejido, por ahí, por esa mentada herida (esa que siempre cubro ante las personas, que en mi desnudez disimulo y en el alcohol  a veces y por algunos puede ser vista) entre el olor a sangre y abandono me recibe, entre ventanas quebradas y cortinas bailando al viento, entre regalos aún con envolturas, maquillados en polvo. Busco encontrar el nombre, encontrar  ese elemento ajeno a mi naturaleza que no deja que esto  cierre. Saber en qué cuarto de mi casa se esconde,  escuchar  las palabras que contiene su poema que declama  a mi soledad y la infecta, la seduce y duerme;  quiero encontrarlo, verlo a los ojos, callarlo de ese eterno embrujo que sigue recitando en mí. ¡Le diré que se largue! Que esta no es su casa, que no es un habitante, es una infección  y si es necesario lo saco a mordidas. Limpiar esta casa abandonada, que desde mi infancia no visitaba,  sacar ese árbol  navideño seco y de esferas quebradas (con el haré una  gran hoguera y lo alimentare de mis viejos diarios que al parecer son muchos y suficientes para hacer que arda por algunas horas) regalar todos los muebles de esta casa, derribarla y hacer en estas tierras de mi herida, tierras de cultivo. Ver crecer tejido, ver florecer mi piel,  ver cerrar la herida.

Después pienso comprarme un vestido con gran escote y mostrar mí herida cual relicario, quizá hasta dos fotos pondría en ella mí antes y mí después ¡vaya joya!  Para después elaborar una mentira de lo que fue en ella, hacerla discernible, hacerla algo de aprobación (porque uno a veces debe vender sus verdades como mentiras, adornadas, fabulosas y básicas) en una historia que nadie sabrá cuál es la asertiva, pero  me dio estas canas, estas sombras debajo de mis ojos, que me dio…  Pues a mí. Hoy yo queriendo, hoy yo romantizando mi  herida…  Dos tragos de vino, dos tragos de ganas, sacudirme las rodillas, lavar mi cara y salir a solo  respirar.