En un juego

Por Ana Celia Pérez

Quizá los vicios son los templos de aquellos que no se pudieron encontrar en una doctrina, que la fe no logró encender sus veredas, que el «pecado» no los espantó o prometió condena. El vicio es la cobija que arropa eso  reprimido, callado, el fantasma, el dialogo interno. Despeja las nubes, colorea el cuaderno y se sale de la raya; da una realidad alternativa, da una personalidad alternativa y ahí en ese juego, en ese disfraz caen mucho, tentados todos, delatados en los ojos, delatados en la forma que en una sola mano se apuesta  muchas veces la vida.

Las cavernas del hombre son muchas, de diferentes  profundidades, con grados de oscuridad y miedos, de naturaleza variada; la mente del hombre y el hombre y su presencia en el mundo siempre será un enigma al igual que el destino en su muerte y las tendencias siempre hacia ella, del principio buscamos el final, de la letra la separación, de un amor a otro, de una fijación a otra. Somos nosotros los que eternamente nos etiquetamos porque nunca seriamos en totalidad definidos, siempre quedaría un infinito no descubierto y en ese espacio la peste del cuerpo que va caducando.

La telaraña que uno mismo va haciendo con los hilos del silencio, del miedo, del trauma, de lo arrebatado, de los gritos, del abandono; te van atrapando, te vas atrapando volviéndote tu propio alimento, en un juego que comenzaste sin poner nunca reglas, sin saber que jugabas, quien jugaba y que en medio de todo esto estabas perdiendo.

Todos somos seres viciados, nos embriagamos de otros con nombres y apellidos, nos inyectamos la canción de cuna que siempre nos faltó escuchar, inhalamos el aroma del amor que nunca encontramos, fumamos tratando de quemar recuerdos, de darle dimensión al libro de la vida o quizá llenar alguna  de las páginas en blanco que saltamos porque no supimos como digerir esa realidad. Nadie es “pobre” ante el infierno que enfrenta, solitario sería la palabra más adecuada; el juez no vive lo que el condenado solo sabe, él solo contiene la teoría y psicología detrás de ello, al igual que el suponer, sin embargó deja fuera lo más importante que es  el «actuar» que es el verbo que te hace, te vuelve y te da y quita motivos.

Enviciados, dando vueltas, coqueteando con la muerte mientras le juras amor eterno a la vida, dualidad, desilusión, infidelidad, todo cabe en esta cabecita sabiéndolo acomodar. En este mundo también hay estrellas que mueren, que se apagan; unas por naturaleza y atracción a eso finito, otros por buscar renacer, otros hace mucho simplemente olvidaron sus “porque’s”.