En Pantalla: Los Cuentos de Hoffman (Ópera)

Hoy le complico la vida al lector pues esta recomendación se dirige únicamente a aquellos que son apasionados o por la música de concierto o por esa locura que se llama ópera.

 Quizá también a los poquísimos lectores a quienes pudiera yo contagiarles una curiosidad irresistible por probar la locura del teatro cantado o de la poesía musicalizada o de la combinación melodramática de todas las bellas artes. A los que no, no.             

Para ver Los Cuentos de Hoffman del compositor judío alemán que compone en francés, Offenbach, que con ironía crítica reta a nuestra inteligencia, tendría usted que comprar la ópera por internet (alrededor de veintitantos dólares en San Diego) (aquí no la venden). O bien comprar el programa con más de dos mil conciertos, festivales europeos en vivo o diferidos y centenares de óperas y documentales sobre los grandes compositores e intérpretes, inscribiéndose en la página http://es.medici.tv/.

Ese gasto lo hemos hecho quienes no nos conformamos con que no haya aquí en Tijuana grandes temporadas de recitales, de conciertos sinfónicos, ballets, óperas y obras de teatro. El gasto es, en promedio, de quince dólares al mes o ciento ochenta dólares al año (o algo menos si nomás quiere uno probar). Este gasto, dividido entre dos o tres aficionados que lo compartan en su familia, saldría baratísimo pues cuesta infinitamente menos que un boleto en los grandes teatros.

Aquí los cines “de lujo”, ya no pasan óperas, porque no es negocio. Cosa distinta, a lo que sucede en las grandes ciudades donde los cines se llenan pasando óperas en vivo o diferidas desde los grandes teatros del mundo. Pero no hay que soñar, time is money…

Hoffman es un tipo fantástico. En la vida real fue, a un mismo tiempo, escritor, jurista, caricaturista, pintor, compositor y tenor a principios del siglo XIX. Dicen que Beethoven lo admiraba y que inspiró a Edgar Allan Poe y otros románticos. El caso es que en el argumento de la ópera (de Jules Barbier) aparece como protagonista. Su romanticismo negro que se adelanta a la época postmoderna que vivimos en un relativismo en todos los órdenes.

Hoffman relata sus tres amores que en realidad son uno solo: Olimpia es un robot al que unos anteojos la hacen ver como mujer real. Podría representar el amor de los adolescentes que se enamoran hasta de su propia sombra. Luego se enamora de una cortesana que lo destroza: Julieta y, finalmente de una artista: Antonia, una cantante enferma del corazón que fallece precisamente por cantar, antes de poder casarse con ella. Hoffman es el gran artista decepcionado y alcohólico muy admirado por la bohemia que concurre a las cantinas y que pierde a Estela, su último amor, precisamente por embriagarse.

El romanticismo negro hace decir al protagonista: “A uno lo hace grande el amor; pero, aún más grande lo hacen las lágrimas…” Por el contrario su consejera y musa suplica al poeta que abandone el amor y se dedique solamente a la poesía. El mundo existe sin Dios. Sólo hay una vida cruel que reta a los grandes artistas a volverse héroes trágicos que se sapan oponer a lo que se identifica sólo como ideas burguesas.

La ópera resulta fascinante por sus arias, sus ironías y sarcasmos y por la discutible sublimación de la vida del artista centrado en la belleza trágica, totalmente divorciada de la bondad que aparece, incluso, como debilidad y cobardía. Es el arte por el arte.