En pantalla: El Lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street)

Recién estrenada la película, considero urgente referirme a ella a fin de evitar que vayan a verla familias a quienes repugna el cinismo y el abuso amoral y violento de la mala vida.

 Las escenas no se justifican por la historia que pretende narrarse. Los menores, ni con la orientación de los padres, podrían sacar provecho de una manera de vivir tan absurda.

Un crítico comenta que esta película le produjo una especie de cruda: “Al día siguiente de ver El Lobo, despertamos con cruda. Como si los vapores de los kilos de cocaína, pastas y sustancias que surten la vida de Jordan Belfort y compañía exhalaran de la pantalla. Pero no es eso. La resaca deviene de la pregunta que, magistralmente, la nueva cinta de Martin Scorsese propone: si tu talento es estafar y te vuelves el amo del universo estafando, ¿eres un héroe o un bandido? ¿El Lobo de Wall Street es una oda al estilo de vida de Wall Street o una denuncia del capitalismo salvaje?”.

¿Por qué la película ha indignado tanto a parte del sector, digamos, empresarial y financiero?

Pues porque desnuda a un mundo que deja manejar sus finanzas por unos cuantos –gerentes y corredores audaces; hábiles para el fraude, pero tontos y amorales y que no tienen que enseñarnos nada ni de la vida ni de los negocios lícitos.

La especulación fraudulenta y los estúpidos abusos del sexo y de las drogas son insostenibles. El fracaso de la justicia en el mundo es tan patético como el fracaso de la soberbia que propone Belfort a sus compinches que, en realidad, son más tontos que él.

Por supuesto, la película no ofrece visión alguna de las víctimas de estos fraudes. Éstos, a quienes perjudican más, son a los más indigentes del planeta: la séptima parte de los siete mil seiscientos humanos que viven en la miseria.

Pero también la pobreza se agrava con las crisis: se afecta a las clases medias. La bolsa de Chicago medra con las semillas, las encarece y pone fuera del alcance de muchos la comida diaria y la posibilidad de mejorar. ¿Alguien recuerda el 2009?

No importa, Belfort el pequeño gran pillo se cree el maestro del universo. Con su blof logra venderle su película a una parte del público. A unos, los agarró descuidados; y, otros, han dejado degradar su gusto.

2.- La degradación del espectador.

A pesar de que Belfort es vulgar, fatuo, misógino y mezquino y su personaje burlesco y desmesurado, según nos hace ver el crítico de La Jornada, Carlos Bonfil, la actuación de DiCaprio y los trucos de la película hacen creer, a bastantes, que están viendo una comedia graciosa. El crítico cita, ciertas series como ejemplo de lo que ha venido corrompiendo a una parte del público: “Mad men” y “Breaking bad”, por las que van gustando de la crueldad y de la muerte violenta.

“La Naranja Mecánica”, profetizó el futuro. Este lobo nos sitúa, en mucho, de lo que es ya, el presente.