En pantalla: El Elíxir de Amor

La Casa de la Cultura de Playas nos alejó unas horas de la pantalla y nos lanzó  a una de las óperas más alegres y hermosas: el Elíxir de Amor de Donizetti, estrenada en 1832. Una pantalla traducía todos los diálogos. Estuvo muy bien cantada y los solistas resultaron todos muy buenos.

En la calle, antes de la explanada donde fue la función, vimos, previo a la función, algo que nos desconcertó: había música de banda unas vaqueritas bailando. Tremolaba el acordeón de las bandas. Nada que ver con la ópera, bastante alejada de “la quebradita”.

De un puesto de carnes, salió una güera que nos dijo ¡¿Qué, bailamos?! A lo que yo seguí la corriente: -Sí, dan ganas, ¿verdad?, la ópera es aburridísima: dura una eternidad A esto recibí la contestación de: Exactamente, -Mira, lo que a mí de verdad me gusta más es ¡que me quiebren!

Ya en plena función, otra señora, también güerita, llevó a un chiquillo de cinco años que, lógicamente, resultó muy pequeño para soportar dos horas de ópera, y, creo que ni siquiera media hora. Empezó a inquietarse y la Mamá a apapacharlo: -¡Ya, Ya, mi hijito! –Oye, mamá, ¿no es ese gordo un Doctor? (se refería a Dulcamara). A lo que yo me apresuré a comentar: ¡Sí mi hijito, es doctor, y fíjate que va a pasar a inyectar a todos los que estemos hablando!

Por fin, Tijuana, sin estar preparada para la ópera, el grueso de su población, empieza a contar con un poco de ella. La carencia generalizada de cultura musical empieza a ceder: ya existe una escuela de música. Durante muy largos años, no se pudo contar con organizaciones juveniles que acercaran a los muchachos a la música. Carecemos, hasta la fecha de temporadas formales ni de sinfónica ni de ópera. No alcanzan los presupuestos. Apenas, algunos cultivaban el ballet. Uno de ellos, (que en paz descanse), me dijo una vez: -¡Ni me estés molestando con que no sé nada de música!, mi mamá me llevaba casi todos los años a San Diego a ver El Cascanueces.

Pero no, la verdad es que no hay educación musical: En la Carmen del año pasado, parte del público se puso a palmear el aria y los coros del “Toreador”, como función de Alejandra Guzmán.

A mí me entusiasmó muy gratamente esta función. Entre otros hechos, los directores  Pesqueira y Medina son tijuanenses. El barítono Emmanuel Franco y la soprano Norma Navarrete, también. No nos falta pues, más que educación musical para el grueso del pueblo y, para ello podríamos regresar a la pantalla: En You Tube pidamos videos con muchos tenores que nos canten la Furtiva Lágrima, y los duetos, tercetos y coros de esta ópera. Acabaremos así, como expertos en el teatro cantado, en el que la poesía y la música se hermanan. En suma, nos dejaremos humanizar por la locura de la ópera.