En Pantalla: El Crimen del Cácaro Gumaro

Cácaro se le decía al que ponía las películas en los viejos cines. Esta es una farsa de cine negro. Va, sin duda, a alcanzar éxito taquillero y a provocar discusiones porque tiene algo de denuncia a las tonterías infinitas que hoy llenan de basura las pantallas.

 Va a dar qué hablar a intelectuales, esnobs, gente adicta a la TV basura; pero también a filósofos y literatos, porque proyecta un mundo en que todo es equívoco y sinsentido. Los críticos de cine, en general, no han tratado muy bien a esta película, a pesar de su premio.

El Güiri Güiri (después Ponchito), es un personaje querido por el público. El crítico de El Economista compara el humor de este Cácaro con el de los Polivoces y con el de Tintán. Pero festeja más la espontaneidad de Bustamante que el argumento mismo de la película. Intenta ser una farsa continuada que se burla del cine mexicano. Y se comenta que, eso de la burla, está muy bien, porque el cine mexicano es muy presumido, le hace falta ver su propia tendencia general a caer en el ridículo.

El guion resulta reprobado por la mayoría de los cronistas que le niegan lo chistoso y lo sitúan más bien en lo ridículo: “un divertido conjunto de parodias de películas pero de repente surge una trama absolutamente prescindible: dos hermanos (Alejandro Calva y Carlos Corona) luchan batalla sin cuartel por el alma del pueblo de Güépez; es decir, por su viejo cine. Uno heredó esa sala “de piojito”; y, el otro, se dedica a la piratería”.  “El problema con el Cácaro Gumaro, es que es dolorosamente poco chistoso”. “Los buenos momentos de Bustamante, no se deben al guion de la película, sino al súper poder de salirse del script y de ser divertido, porque no le queda de otra”, dice Concepción Moreno de El Economista.

La irreverencia es la bandera con la que Bustamante se burla de todos y de sí mismo El mismo dice, en las entrevistas, que en su película absolutamente todos los personajes son “malos” de película. Su propuesta no es lo que quiere el público sino una serie de parodias que fueron dando una farsa surrealista. Dos hermanos se pelean con saña: uno que quiere al viejo cine; y, el otro lucra con videos piratas.

El Cácaro se exhibe en Cinépolis, a todo volumen. No puede usted reclamar nada, porque le responden que el “Corporativo”; (sic) así lo tiene ordenado: ¡Esos altos decibeles!

La película está muy lejos del éxito artístico que alcanzaron dos muy buenas comedias que incluyen también farsa y humor negro: Por un lado, “El Esqueleto de la Señora Morales” que se burla del matrimonio, del divorcio y de los crímenes conyugales; y, por otro, “Ahí está el detalle” en la que Cantinflas sublima su comicidad natural y se burla de los celos conyugales, de la burguesía y de las injusticia que se cometían en los jurados populares y su oratoria demagógica, a cuenta del cientificismo de Lombroso, que creyó haber logrado la caracterización exacta del “criminal nato”.