En otra persona

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Me alegro que seamos distintos, porque así te puedo seguir conociendo. Me da placer que seamos distintos porque así puedo jugar a adivinarte y trato y me desespero en entenderte.

Me da gusto que seamos diferentes porque hay tanto que desconozco de tu mundo, desde tu punto de vista, desde tu mente, desde tu familia, desde tus temores. Me da infinita alegría que seas otro y no uno mismo, alguien en otro tiempo que el primero y ese “yo” sin importarme lo contrario y la  no comunión de ideas.

Quiero que el debate de una puntuación continua y de la falta de las cosas, hay un valor tan elevado en ese mundo ajeno. ¿Qué sería de mí si encontrara a puros iguales? No sé si crecería o sólo viviría de redondear las esquinas, contestándome en el espejo, tan pasiva como una laguna esperando la salida del sol y así ser consumida.

Saber que el universo entero como bien dicen es de Dios y en todas sus versiones me ayuda a escuchar a comprender, abrir el corazón a la empatía y también a mi propio error. Me deleita saber que no hay otro como yo y no en el sentido donde me vuelvo única sino en la parte que siempre escuchare el orden distinto de palabras, la dolencia con diferencias localizadas y aprenderé de la combinación de colores, sabré de las alturas, sabré de las carencias y también de las extensiones.

Toda esta esfera y ni una sola repetición, no sé si somos puntos continuos en distintas pautas o los dedos de las manos de una conciencia creadora. Pero hoy que pienso y siento, debo así dejarlo por escrito y que quede claro que admiro la elegancia de la cual carezco, la valentía de la que a veces no soy capaz; pero me gusta saber del otro y reconocer y volver a encontrar todo aquello que admiro en los libros.

En sus personajes de libro, creadores de historias, con sus propios villanos de su unilateral vida. Uno receptor de millones y millones siendo, es, somos cadenas, cadenas de individuos que intentan estar sintonizados, entonados por naturaleza y algunos en pautas forzadas por rebeldía. Momentos donde la diferencia me hace diferente, donde se valora el por favor y gracias, la mente reposa en  el ajeno, en el ajeno desconocido con la fe de la existencia, de la semejanza imaginada. El otro que no nos salva pero nos reconforta.