En mi cajón de madera

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Me pregunto si ¿seguiremos jugando a ser algo o esta vez ya somos?, así muy a fuerza, como que apenas llegando, ¿hemos dejado el disfraz a lado?, ¿somos sinceros viendo los unos por los otros?, ¿o se habrá llegado a una nueva dinámica y juego? Y si así es, por favor que me digan las reglas, suelo ser algo lenta en eso y la riego por completo. ¿Habrá una nueva careta, con esencia de compasión y causa? Muy probable.

Veo como muchos captan momentos, entre ellos o solos y admito que a muchos se les ve felices y espero que así lo sea, pero mi corazón, debo admitir, siempre se va de lado de los realistas, tristes, grotescos y burdos; como que les creo un poco más, no sé si me estaré proyectando pero, así es y lo dejó, esto no lo borro, que se imprima. Siempre me he identificado con lo fuerte, con lo no bello pero admirable, con el error admitido, con la lágrima honesta u hormonal. Me gusta la vida bien vivida y el que no tiene miedo admitirla.

Extraño horrores aquellos que en esta vida llamo amigos, pero es el precio de saber a todos a salvo, muchos con carencias emocionales, otros monetarias, y algunos con poquito de todo, ¿y cómo dejar a lado el drama?, si por algo son mis amigos, todos un poco afuera, todos muy fuertes adentro. Se nos está cayendo la realidad encima como una pared que fue demasiadas veces pintada, y sólo quiero vernos a todos bien logrados, del otro lado de “esto” del otro lado de este tiempo acumulado. Los quiero ver a todos sentados en mi misma mesa, pasando el vino, pasando la risa, las pláticas no sanas, jugando siempre un poquito a lado del abismo.

La rutina de todos ha dado la vuelta y nos ha dejado caer, y debo admitir que a diferencia de los gatos, yo no caí parada; sin empleo, pero vaya que despreocupada, ajusto mis vicios y no pasa nada. Sufro de los mismos gustos y las mismas fallas, las paredes encierran a una loca, pero no a su locura, el espacio limita mis pasos, pero no mis planes, el miedo espanta mi sueño pero nunca mis ganas, la soledad quiso darme malos consejos, yo admito haberla dejada un tanto perturbada.  Me quedan sólo las letras, sólo las palabras, como zona de descanso, vacacional y de estancia.