En las entrañas del boxeo

Por Manuel Rodríguez Monárrez

Para ser promotor de box en Nevada te exigen llenar 26 formatos y presentarlos ante la comisión en audiencia pública y no te emiten la licencia sin antes haber pagado 10,786 dólares y haber entregado tus últimas dos declaraciones anuales ante el fisco, además de haber comprobado que tu empresa cuenta con una estructura financiera y un corporativo sólido que respalde tus actividades empresariales.

El reglamento de box de Tijuana se elaboró en 1998 por cinco representantes de los principales promotores de este deporte insignia de la frontera, por lo que su redacción está muy a modo con las necesidades y requerimientos de los promotores para tener un control absoluto casi esclavizante con los pugilistas. Y es que de nuestras colonias, se generan verdaderos semilleros de boxeadores porque por décadas el deporte de los puños ha sido una manera de canalizar las frustraciones y decepciones de vivir en una de las ciudades más violentas del mundo.

Una situación que se presenta constantemente es que a los pugilistas tardan mucho en pagarles después de una pelea, por lo general los promotores van jineteando el dinero de sus boxeadores tratando de maximar sus ganancias, en un negocio principalmente de tres entes: el promotor, la televisora y la cervecería. Dejando de lado que el que se lleva la peor parte siempre es el pugilista, a quién no se le exige un descanso suficiente entre pelea y pelea, por lo general debería ser de 6 meses pero aquí en Tijuana les exigen un mínimo de 5 peleas al año.

Mientras que en Vegas la edad máxima permitida para un boxeador es de 37 años o no más de 425 rounds acumulados en su carrera, aquí en Tijuana no hay un control sobre el estado médico de los pugilistas. Aunque por años se cuenta con un patronato para pagar las cirugías y atenciones médicas derivadas de las peleas, poco se sabe la forma en que esta asociación civil funciona ya que cobran el 2 por ciento de las entradas por cada función.

Otro elemento contemplado en el actual reglamento es que a los boxeadores se les limita para cobrar la cantidad exacta del 70 por ciento por contrato, es decir, no están en libertad ellos de negociar ellos sus propios contratos por porcentajes superiores y cómo en el caso de Floyd Mayweather, convertirse ellos mismos en sus propios representantes y manejadores. El sistema está diseñado para que el negocio lo hagan los de arriba.

En el artículo cuarto del actual reglamento encontramos elementos prohibitivos discordantes y contradictorios para cualquier deportista, y es el derecho de inconformarse públicamente ante cualquier fallo injusto, casos que se dan con regularidad, sobre todo en peleas de campeonato donde suele haber sorpresas; y me refiero a la prohibición de que los boxeadores hagan protestas públicas, esto además de inconstitucional, va contra el espíritu mismo de las comisiones del boxeo, pues al ser éstas entes públicos y semi autónomos en sus decisiones son sujetos al escrutinio público cualquier situación que se presente, tanto la presentación de protestas como el otorgamiento de licencias.

Es necesario también que el reglamento de box de Tijuana haga un espacio para definir categorías y pesos del boxeo femenil, deporte que ha venido en franco crecimiento en los últimos años con un buen número de campeonas tijuanenses como Jackie Nava y Kenia Enriquez.

Esperemos que los momios cambien y si no es en este gobierno municipal, pues ya vendrán nuevos gobernantes en la ciudad el próximo año y siempre queda ese resquicio de esperanza. Siempre y cuando la mafia del poder local no siga gobernándonos también en Tijuana, es factible que las cosas cambien, también para los deportistas.