En la mira

Por Daniel Salinas Basave
¿Por qué es tan adictiva la novela policíaca? ¿En qué parte de nuestro subconsciente habita ese detective vocacional que nos impulsa a resolver misterios? Sí, hay puristas que consideran al género negro literatura de segunda división, simple entretenimiento de ociosos, pero la realidad es que hace falta ser un arquitecto lleno de malicia para construir una novela con las suficientes dosis de negrura como para penetrar el alma de un lector y atraparlo en las redes de sus páginas.

Borges mismo fue un ferviente lector de novela negra y él mismo, en dueto con Bioy Casares, escribió fascinantes cuentos policiales (no olvidar a don Isidro Parodi). La idea común es afirmar que Los crímenes de la calle Morgue de Poe es el primer cuento policial de la historia de la literatura. Sí, es tal vez la primera historia detectivesca con todos cánones debidamente alineados, pero la resolución de misterios ha sido omnipresente en los libros. Vaya, sin ir más lejos, en el Hamlet de Shakespeare, nuestro príncipe danés se convierte en detective investigador del asesinato de su padre y él misterio se resuelve al final del drama.

Con sus elementos fantásticos y demoníacos, la literatura gótica de finales del Siglo XVIII y principios del XIX, antecedente directo de Poe, también plantea a menudo la resolución de misterios. Conan Doyle creó al primer súper detective de la historia de la humanidad, el famosísimo Sherlock Holmes y posteriormente Dashiell Hammett y Raymond Chandler llevaron  el género a profundidades aún más densas. En la última década, los detectives escandinavos han teñido de sangre las nievas nórdicas y se han convertido en los más activos promotores del género.

En lo personal no he dejado nunca de leer literatura policial. Hay vicios incurables y la novela negra es uno de ellos. Por ello me emociona poder presentar los libros de la colección En la mira, una cofradía de relatos compilados por Artificios, la trinchera editorial del siempre hiperactivo Rafael Rodríguez. A las historias incluidas las hermana el color negro azabache y el olor a pólvora. Entre los autores que “echaron bala” hay algunos colegas con larguísimo kilometraje recorrido como el incansable Gabriel Trujillo quien incluye Lucky Strike y José Manuel Di Bella que presenta El tiempo corre lento para la muerte. La colección también incluye a no pocos representantes de mi setentera generación como Nylsa Martínez con Afecciones desordenadas; José Salvador Ruiz con Hotel Kennedy; Iván Farías con La tentación del crimen;  Juan José Aboytia con De la vieja escuela; Héctor Arreola con Érase una vez en Chihuahua; y Omar Delgado con Borderline raza. Así como no queriendo mucho la cosa me he colado en la fiesta de las balas con Predrag. Ángel del Exterminio, mi pequeña historia de horror balcánico. El francotirador carga su arma de altísimo poder y apunta. En el centro de la mira telescópica aparece Tijuana. La hora ha sido marcada: apretará el gatillo el viernes 8 de julio a las ocho de la noche y la bala expansiva retumbará en la trastienda de la Librería El Día en la Zona Río.