En la casa de Coyoacán

Guadalupe Rivemar

 
Al cerrar el portón  de la calle Francisco Sosa número 114 en Coyoacán, entramos al mundo intimo de Raúl Anguiano. Brigita, con su piel impecablemente clara y sus ojos vivaces, tan claros, tan verdes, nos guía hacia el interior de la casa donde una luz magnifica que entra por los domos y ventanales, no  permite que haya ningún rincón oscuro. Es como si estuviéramos todo el tiempo, en un jardín interior. En cada espacio, en cada muro, en cada mueble, en cada pasillo se encuentra presente el maestro; hay fotografías, obras, libros, esculturas y cerámicas por todas partes. Desde aquí, Brigita propone y dispone el destino de la obra del maestro. Recibe visitas todo el tiempo y con el mejor de los ánimos, atiende personalmente  los detalles de cada proyecto.
 
Para ella resulta muy natural entrar al estudio del maestro y parece no percatarse de la emoción que nos provoca estar en el espacio donde Anguiano pasaba muchas horas del día. De momento, Antonio Caballero, ha llegado con su equipo fotográfico a realizar el registro  obras que formarán parte de un nuevo libro, son dibujos o litografías producidas a partir de la expedición realizada en 1949 a la selva lacandona, aquel viaje que marcó la carrera del artista y donde murieron ahogados en un rio, dos de los investigadores, entre ellos Carlos Frey, a quien se le atribuye el descubrimiento de las ruinas de Bonampak. La razón del libro, es el viaje que Brigita realizó a principios de este año (2011) a la selva, adentrándose en los mismos parajes que aquel avezado equipo de profesionales. Hay que considerar que desde entonces han pasado  sesenta y dos años. La idea, era ir a buscar a aquellos personajes que fueron modelos de muchísimas obras de Anguiano: la bella Nakim, Carmita, o el ahora viejo Obregón quien ha dejado atrás su tradicional vestimenta de manta, en aras de la modernidad.  Esta odisea fue iniciativa del periodista y editor,  Alberto Carbot, quien también ha llegado a saludar y supervisar el registro de obra. Las historias y destinos de estos personajes, serán parte de las interesantes crónicas del viaje que conoceremos cuando el nuevo libro este listo.
 
Mientras Don Antonio busca evitar los reflejos de los vidrios, un gran autorretrato de Raúl Anguiano parece vernos y aprobar el cuidado con que maniobramos su obra. El fotógrafo  hace ajustes a la lente, pero también conversa y recuerda sus visitas a Baja California con el equipo del Presidente López Mateos, cuenta de los tiempos de gobernadores como Braulio Maldonado y recuerda con respeto a Don Milton Castellanos. Sus remembranzas de Mexicali y Tijuana, son de pueblos como del viejo Oeste con banquetas de madera y cachanillas secas rodando  por las calles de tierra. Pero también evoca sus andanzas como promotor de Olga Breeskin, ¿se acuerdan? y se lamenta de su condición actual, su detrimento físico debido a los excesos.
 
Suena el timbre y Brigita recibe más visitas. Han llegado los curadores de la exposición Taurina: Rafael Alfaro y el Dr. Néstor Arvizú quienes llevan  la conversación de nuevo  al arte de Anguiano y  los nuevos proyectos: la obra surrealista, la investigación sobre sus murales,  la Sala en Palacio Nacional, y más obras en  proceso de revisión como aquellas de  sus faunos y mujeres que darán mucho de que hablar. 
 
En la cocina, el señor Francisco ayuda a lavar los platos, y las luces de la casa se van apagando. Al despedirse, Brigita me advierte de algunas palomas de la luz que revolotean alrededor de los focos: “ten cuidado con los bichos”.
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