En el pasillo de servicio

Por Ana Celia Pérez Jiménez

No sé en qué momento nos enseñan a enamorarnos de las ideas y las posibilidades en lugar de lo que es y hay. Es ver la calle e imaginar el panorama y no observar ese que existe, que tiene historia y es.

¿Cuándo comienza a pasar?, ¿y por qué nadie nos detiene? Será que todos somos soñadores, ilusionistas incluso y a pocos se les revienta la burbuja a tiempo, en edad temprana, cuando aún hay tiempo.

No que en la adultez se acabe o tengamos menos vida, pero los hábitos son más fuertes, más arraigados y con ellos nos identificamos y creemos que somos eso que hacemos y pensamos y hasta a veces lo que soñamos.

Pero pienso que sería bueno que desde la infancia nos enseñaran las mieles de la objetividad así como la de la realidad, obviamente la imaginación es dulce, pero la verdad también puede serlo si desde el comienzo nos dan el paladar para ello.

Veo a tantos aferrados a la idea de algo o de alguien, incluyéndome a momentos y sin hacer algo para evitarlo y acciono y reacciono teniendo como base mis ideas sobre los otros o los momentos, sin que nada de esto sea o deba.

Es que es difícil darte cuenta que vas adelantado, que observas pero no absorves, que es pero no lo sientes, que sientes pero sólo las palabras.

En un espejismo de nuestros deseos, se puede andar y vivir, lo he hecho, lo he vivido y también presenciado, pero tarde o temprano hay un agujero en esa realidad no sustentable, en esos hilos de “quisieras” y un mundo que separa el deseo de lo que es, lo que será de las estadísticas y lo que tenemos de lo que queremos.

Hay que amar lo que se tiene justo y como se presenta, aprender a hacerlo, callar las voces e ideas y dar la oportunidad de ese presente, de eso que es originalmente, por respeto a ese ser y no por egoísmo de extensiones propias y si no es, y si no lo queremos dejarlo ir o cambiar lo propio y nuestro.

Uno es uno, yo soy yo, él es él, respeto a la totalidad y libertad, todos somos lo que podemos y no lo que se quisiera ni en perspectiva del otro y a momentos de uno mismo.