En el barrio de la rosa y el dragón

Por Daniel Salinas Basave

En los últimos tiempos me he ido sumergiendo en las entrañas de Mexicali. Fascinante es poder descubrir una ciudad secreta yaciente bajo la arena, los ecos de la ancestral semilla fundacional china de donde todo brotó.

Ayer, mientras exploraba los laberintos subterráneos de La Chinesca, me sentí inmerso en alguna de las Ciudades Invisibles de Italo Calvino y por un momento puede palpar que las urbes son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje secreto y oculto.

Mexicali no solo nos narra su pasado: lo contiene como las líneas de una mano en el trazado de sus calles donde se lee su destino. Yace en sus cicatrices y las huellas ancestrales de una cultura milenaria.

Al llegar a la ciudad, dice Calvino, el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más, te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos. Mexicali metamorfosea y cambia de piel.

Una puerta se abre y de pronto yaces en la bóveda oculta donde yacía un casino y un fumadero de opio e imaginas las noches de euforia y alucinación en torno a la mesa de los tahúres donde entre furtivos licores y conjuras jugaban Chaplin, Al Capone y Valentino bajo una nube de humo.

Historias de pequeños cafés en donde se leían grandes periódicos escritos en mandarín y se escuchaban simultáneas conversaciones en esa lengua.

De las películas en chino que se proyectaban en el cine Iris, o de los tiempos del cine mudo, cuando las orquestas tocaban en la sala y los subtítulos eran traducidos al mandarín.

Su nombre mismo encarna la hermandad y la fusión de culturas: Mexi-Cali México y California, unidos en la ciudad que capturó al sol, donde la calidez no solamente se expresa en la altura del termómetro; el oasis donde la Cachanilla, el Mezquite y el Pino Salado supieron abrevar del Río Colorado y hacer brotar del desierto un cuerno de la abundancia.

Dijo el filósofo chino Lao Tse que hasta el árbol más enorme brota de un tierno retoño y un camino de mil pasos comienza siempre con un solo paso.

Hace menos de cinco años, la resurrección de la Chinesca era algo menos que un retoño, solamente un sueño que parecía lejano.

La Chinesca era solo una leyenda difusa, un pálido recuerdo que se extinguía en la memoria.

Hoy, gracias a la fuerza de voluntad y la fe inquebrantable de muchas personas, la Chinesca es el primer Barrio Mágico de México.

Las ciudades, dijo Italo Calvino, son un conjunto memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías; son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos. Todo eso está presente en la Chinesca.

Mexicali tiene una rica historia pero no todos la conocen. Nos hemos acostumbrado a que los centros históricos son exclusivos de ciudades virreinales del centro y sur del país, mientras que en el norte todo es modernidad. Cierto, las nuestras son ciudades muy jóvenes comparadas con Guanajuato o Oaxaca, pero Mexicali tiene una historia única que contarte. Te lo juro: Algo muy bueno está pasando en tierra mexicalense. Algo se está transformando en Ciudad Cachanilla.