Elogio del viene-viene

Por Daniel Salinas Basave

Creo que de todos los oficios y quehaceres arrojados por la economía subterránea en México, ninguno tan extendido y multiplicado como el del viene-viene. Ignoro si algún censo haya siquiera intentado calcular su número aproximado, pero intuyo que en este país deben ser cientos de miles o acaso millones. En cualquier ciudad mexicana a donde vayas los podrás encontrar siempre que haya un espacio de estacionamiento público más o menos concurrido. También ignoro si haya otra nación en el mundo donde haya tanta gente cuya labor sea auxiliar a los automovilistas a la hora de estacionarse.

Hace un lustro escribí un híbrido narrativo de unas 20 mil palabras llamado Elogio del viene-viene que nunca hice por publicar. Demasiado ficcional para ser ensayo y en exceso reflexivo para ser novela. La idea nació a partir de una espontánea charla con un viene-viene en Walmart Rosarito. En el relato intento responderme algunas preguntas ¿en qué momento decide un hombre convertirse en viene-viene? ¿Cómo es su debut en el oficio? ¿Cómo se desarrolla su carrera?

Fisgoneando en internet di con la historia del que pudo haber sido el primer viene-viene de México, un hombre llamado Juan Esparza que vivió en la capital mexicana en los años 30, cuando el uso del automóvil se empezaba a masificar. Esparza laboraba por los rumbos del Palacio de Bellas Artes y fue el padrino de una estirpe infinita.

En términos demográficos y políticos el de los viene-viene es un grupo con representatividad y por ello me resulta extraño que a la fecha ningún candidato los haya abanderado para intentar convertirlos en un núcleo de voto duro. Vaya, hay candidatos que se reúnen con frentes de pepenadores o de trabajadoras sexuales ante quienes se deshacen en promesas. ¿Por qué ningún político ha buscado hasta ahora el apoyo de los viene-viene? No sería raro que llegara un aspirante a la alcaldía a ofrecer seguridad y garantías laborales a los viene-viene o un ocioso candidatillo a diputado que ofrezca legislar sobre la obligatoriedad moral de retribuir con una generosa propina a todo aquel que auxilie a un automovilista a la hora de salir de un estacionamiento. De hecho, si quieres que sea franco, es bastante raro que a la fecha la CTM o la CROC no hayan buscado crear un gremio organizado de viene-vienes afiliado al PRI, con sus respectivos líderes charros. Si estas confederaciones obreras hicieran buenas negociaciones y demostraran el músculo político de los personajes de la estirpe, no sería descartable que el líder de los viene-vienes aspirara a una posición de regidor en un ayuntamiento o incluso de diputado.

En Elogio del viene-viene imagino la hipotética historia de un representante de la estirpe que empieza a ganar liderazgo entre los suyos y forma la Unión de Prestadores de Servicios Auxiliares de Aparcaderos Públicos y Similares. Dicho líder viene-viene empieza a construir una carrera política en franco ascenso. Empieza como regidor, luego como diputado local, da un brinco a la legislatura federal y acaba siendo senador vitalicio, una suerte de Romero Dechamps combinado con Elba Esther Gordillo que representa a todos los viene-viene de México y lucra con la fuerza de su voto duro. Tampoco es tan improbable esta historia.