Ella reventando mi globo de domingo en plaza

Por Ana Celia Pérez Jiménez

La verdad siempre está ahí, la observo, la huelo y la presiento. La verdad siempre está presente en mí, se mezcla con los sentimientos, con el día, el pensamiento y el punto de vista o partida que se quiera tomar, pero la verdad siempre está ahí, como lo atemporal, lo que es, lo que sabemos, lo que es natural.

Pero es con el tiempo y las malas prácticas que nos acostumbramos a tratar de desvirtuarla, cuestionarla, desacreditarla porque en muchos casos le tenemos miedo. Le tememos tantas veces a la verdad porque sabemos que es algo inmutable, algo que llega y obliga a una reacción y a ser recibida y no siempre son los tiempos de ella.

La verdad nos ayuda de tantas formas, nos hace sentir seguros de la vida, nos hace sentir que algo sabemos y algo indudablemente ignoramos. La verdad no es una tela, no es una emoción, no es un estado, es y puede haber y no cuestión en ello. La verdad es individual y colectiva, pero no todos siempre queremos llegar a ella porque con ella pienso que llegamos a nosotros mismos, sin excusas, sin tapujos, ¿y qué se hace en esos casos? Pues enfrentarnos, observarnos, estar en soledad absoluta y convertirnos con ella en una sola cosa, la verdad funde, endurece y da un tipo de belleza, la cual solo se puede admirar en retrospectiva o desde la lejanía.

La verdad es a momentos a la que no queremos llegar, porque ella revienta sueños, fantasías, creencias y concepciones. Ella no juega, no tiene la necesidad de la distracción y el entretenimiento, ella sólo recibe más de ella misma, más de lo que no se cambia y sólo se interpreta. Cae como lluvia sin diferenciar y a todos por igual, el mismo tamaño de gota, intensidad y frecuencia.

La verdad es elogiada por todos, pero conquistada por unos cuantos, qué cansado ha de ser vivir a su lado, tal rectitud, tal suelo y frialdad, no, no es que no la quiera y la insulte o hable mal de ella, pero la verdad y yo tenemos una relación de amor y odio, me es necesaria, me gusta conocerla pero no siempre quiero o puedo llenarme y sumergirme en ella, todavía no estoy allí y lo peor de todo esto es que ella lo sabe y sonríe sin más.

La verdad es y está, yo, yo la verdad no siempre.