Ella que no está

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Quizá la ahogada de este cuento sea mi esperanza, esa que no ha regresado desde hace dos noches. Ella que mencionó que llegaría tarde, ni sus luces, ningún mensaje, es como si se la tragó la tierra. Escucho algún ruido y corro a la puerta esperando que sea ella y es sólo el viento, es sólo el vecino, son solo las cartas que llegan a montones, las noticias terribles esas que sí no faltan, crueles y mentirosas como ellas sólo saben serlo, alarmando y desinformando, pagadas por el mejor postor.

¿Y qué puedo hacer yo aquí, en esta casa, en este país, en este mundo? Dividido en clasismos, qué sabe de diferencias y qué sabe arrojar las sobras al último escalón. Nadie habla, nadie responde, ¡para eso son los señalamientos!, me dicen unos, ¿a quién busca?, me preguntan otros. Y nadie sencillamente nadie dispuesto ayudar, todos con la respuesta, pero no con la solución. Todos se jactan de tener las manos atadas, mientras que con la boca dan las órdenes, no se necesita más supongo, pero ellos alegan que las acciones han sido arrebatadas de su poder, mientras su verborrea sigue por metros y muchos hasta un himno han hecho de ello.

Qué injusticia esta sociedad dormida, qué injusticia se ve en los otros y en los míos. Hemos perdido tanto que ya no lo recordamos, que lo vemos como un clima y temporada de años, tanto se nos ha ido que ni los dedos de las manos podrían llevar la cuenta, ni juntándolas con las de los vecinos. Hay tanta rabia y pérdida, que lo perdido ya dicen que nadie lo encuentra y yo que busco mi esperanza, de esa a la que me aferro, de esa que me de fortaleza en mis días más grises, esa que me da ánimos para despertar y buscar el nuevo día.

Dicen que lo último que se pierde es a ella, pues yo la he perdido, ¿y ahora qué hago? Nada que la sustituye, nadie se le asemeja, nada que llegue de la forma que lo hacía ella, me devolvía la devoción y fe, cosa que hasta la religión había matado. Hoy no quiero imaginar desenlaces, no estoy para ello, hoy quiero sentir su pérdida y salir al mundo para verlo cruel y sincero, sin filtros, sin aires de cambios, sin subtítulos. Y me embargó la tristeza como siempre lo hace cuando se añora, tanto espacio, tanta vida, tanto tanto y yo sin ella, sin poesía y el mundo, el mundo que lo ignora.

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