Elecciones

Por Dianeth Pérez

Con gran interés y también decepción sigo la vida política de Baja California. Estos últimos días ya previos a las elecciones, han traído muchas sorpresas.

Leo en las redes sociales que cientos de priístas renunciaron al partido para irse a Morena y que por este motivo fueron despedidos a huevazos. Si Morena fuera coherente con sus discursos no aceptaría este tipo de “apoyos”, y ahora son ellos quienes reciben críticas.

Morena tenía ganada por default la gubernatura en Baja California tras las elecciones federales por el impulso que el triunfo de Andrés Manuel López Obrador le dio al partido, pero por desgracia para Jaime Bonilla, hay muchos meses entre el triunfo de AMLO y las elecciones estatales. Tiempo en el que el entusiasmo ha disminuido gracias a los errores que ha cometido Bonilla, como aceptar lo que sea que llegue a Morena, no asistir a los debates, ocultar su mansión en San Diego, insultar a los burócratas e incomodarse con la prensa cuando no le gustan las preguntas.

En Baja California el PRI lleva 30 años agonizando, y el PAN con el desempeño de Francisco Vega ha tocado fondo, así que Óscar Vega Marín no la tiene fácil.

La idea que vende Morena es la de una nueva forma de gobernar, una era que deja atrás a panistas y priístas, muy criticados por sus acciones como votar a favor de las reformas de Peña Nieto o el aumento del IVA en la frontera, denostados hasta el cansancio en los discursos morenistas.

Pero resulta que deciden acoger a esos políticos que tanto criticaron y los bajacalifornianos nos preguntamos dónde está la coherencia de Morena, que como si fuera un culto, acepta a cualquiera que toque a su puerta.

Morena no tenía ninguna necesidad de aceptar a estos políticos y parecen no entender que queriendo sumar, han restado. Quienes creen ciegamente en el partido del presidente dicen que estos “apoyos” de Xicoténcatl Leyva, Francisco Pérez Tejada, Fernando Castro Trenti, Victoria Bentley y Nancy Sánchez, entre otros, son respaldos al proyecto morenista y que no ocuparán cargos públicos. Nada más falso. Nadie anuncia con bombo y platillo su renuncia al partido y su apoyo a un candidato sin esperar nada a cambio. Tarde o temprano recibirán su recompensa si gana Bonilla, así que de entrada este “cambio” no luce muy esperanzador, porque votar por Morena es también impulsar el regreso de estos personajes a la arena política.

Aunque el PAN está en su peor crisis de imagen gracias a Kiko Vega, para muchos Óscar Vega Marín representa el contrapeso para quienes prefieren que gane el que sea menos Bonilla. Hasta el momento de escribir estas líneas, aun no se definía cuánto durará el periodo de la próxima gubernatura, así que ni de eso tenemos certeza.

Los partidos políticos se han convertido en trampolines, y ahora están más preocupados por no perder el registro que en representar sus valores y seguir lineamientos. Un mal necesario mientras encontramos otras formas de ejercer la democracia.